Por Observatorio de Jóvenes, Comunicación y Medios de la FPyCS-UNLP

El programa Intratables, conducido por Santiago del Moro en Canal América, es un caso particular e interesante de las inciertas mutaciones que producen los géneros televisivos argentinos: una mezcla de magazine periodístico, actualidad política, material de archivo y un panel integrado por periodistas de diversos ámbitos. Sin embargo, no escapa a ciertas regularidades en el discurso mediático hegemónico sobre la juventud, como se vio en una de las emisiones de la semana pasada.

En aquella ocasión, tras las declaraciones de Hilda “Chiche” Duhalde y Silvia Fernández Barrio acerca de la intencionalidad del embarazo adolescente para acceder al cobro de la Asignación Universal por Hijo (AUH), la ex funcionaria pública y la panelista del programa alimentaron el prejuicio creado en torno a los sectores sociales más vulnerables que son destinatarios de las políticas sociales que implementa el Estado.

Ante esto, un grupo de mujeres que viven en villas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires decidieron hacer uso de su derecho a réplica y, como pocas veces sucede, encontraron un lugar en los medios masivos de comunicación para disputar ese discurso, discutir y poner en tensión las imágenes estigmatizadoras que la hegemonía mediática se encargó de construir.

Vista en esa situación, Fernández Barrio arremetió una vez más contra ellas. En primera instancia, las abordó para preguntarles acerca de sus habilidades en tareas del hogar, como la limpieza, la cocina y el planchado, con el fin de conseguirles trabajo. Pero en la vereda de enfrente encontró la respuesta de personas que se dedican a la comunicación popular, la fotografía y también tienen la posibilidad de acceder a la Universidad pública.

En plena lucha por acabar con la sumisión, el sometimiento y la desigualdad de género, desde su lugar como comunicadora, la panelista se encargó de reforzar estereotipos que atentan contra el reconocimiento de la mujer. Posteriormente se dio una situación similar, cuando cuestionó a una de las invitadas al programa –quien relató su actual situación laboral y la cuota mensual de la AUH que recibe por su único hijo– y criticó que, dados sus ingresos y su carácter de desempleada, se dedique a cursar una carrera de grado.

Sin embargo, a pesar de estas representaciones que algunos personajes públicos reproducen, las estadísticas indican que, para más de la mitad de los grupos familiares beneficiarios, la AUH sólo constituye una porción menor del ingreso que tienen.

Además, esta invisibilización y descrédito deviene en una negación constante y arbitraria de las garantías que se otorgan a los niños y jóvenes que se encuentran protegidos en materia de educación y salud, desde su concepción hasta la finalización de sus estudios universitarios, por los programas integrales que ejecuta el Estado nacional. Un Estado que, tras años de vacío institucional, finalmente toma como propia la necesidad de una justa redistribución de la riqueza.

Por otro lado, el cuestionamiento a los jóvenes de sectores populares que pueden dedicarse con exclusividad a sus estudios superiores gracias a políticas como el PROG.R.ES.AR, las becas universitarias de investigación, perfeccionamiento y estudio, no se ve reflejado con el mismo énfasis a los que provienen de los estratos medios de la sociedad.

La demonización de la juventud y la pobreza forma parte de una agenda que con violentas sentencias rompe la incansable búsqueda del reconocimiento y de la empatía por el otro. En este contexto, el debate por una Ley de Violencia Mediática se torna indispensable para configurar nuevas y otras maneras de ver y pensar espacios de comunicación.