El futuro lo hacemos nosotros

El futuro lo hacemos nosotros

Quienes no entienden que un acto político puede ser una celebración y también un acto de amor, nunca van a sentir lo que se sintió ayer en la plaza. Por Lisa Solomin

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(Foto: Luciana Demichelis)

Por Lisa Solomin

Quienes no entienden que un acto político puede ser una celebración y también un acto de amor, nunca van a sentir lo que se sintió ayer en la plaza.

“Que no quepa un alfiler”, decía la convocatoria de los organizadores. Lo cumplimos al pie de la letra. Entrar fue una odisea desde temprano, miles y miles de personas circulaban por Plaza de Mayo y los alrededores. En las pantallas gigantes instaladas en diferentes lugares de la plaza pasaban imágenes de muchas plazas colmadas y muchos significados: el 17 de octubre del ‘45, las rondas de las Madres, otros mayos.

La plaza de ayer, bañada por el sol más lindo, desbordó: militantes, familias enteras, gente que viajo cientos y miles de kilómetros y otra gente que por primera vez se animó a ser parte de esta celebración.

Mientras más se esmeran en criticar más se agiganta lo que pasó. Y lo que pasó fue un monumental festejo político, parecido a los que vivimos en estos últimos años pero con varios condimentos que lo hicieron único y conmovedor.

Todos y todas fuimos a confirmar que la calle la ganó el pueblo, que la patria y sus símbolos volvieron a ser nuestros, que los resignificamos, que también recuperamos el derecho a la alegría y que, como pocas veces en la historia, nos sentimos parte de un colectivo que nos enorgullece. Que sea el último 25 de mayo con Cristina y la incertidumbre de lo que va a pasar después de diciembre, hizo que también hubiera una tristeza solapada.

Y empezó la fiesta. Chicos y grandes cantamos la marcha de San Lorenzo interpretada por “La asombrosa banda de Zamba” y bailamos frenéticos con San Martín. La patria, la escarapela, las canciones patrias, el himno, toda nuestra historia que para nuestra generación fue tan algo tan ajeno y rígido ahora es parte nuestra y de nuestros hijos.

A pesar de que cada vez se estaba más apretado, la gente bailó cumbia, murga, rock, cantó, comió choripanes, pastelitos y se abrazó toda la tarde. Y al anochecer llegó la más esperada. Cristina entró al escenario con música de los Redondos y juntos cantamos nuestro himno hecho tango, para recordarnos que ya no hay solemnidad en las celebraciones, que son nuestras y que las construimos entre todas y todos.

Cuando comenzó a hablar, la plaza completa hizo silencio. Ella nos dijo lo que estábamos esperando: que el futuro lo hacemos nosotros, que nadie vota para atrás, que esto es irreversible y que no estemos tristes. “Vívanlo con alegría porque van a venir muchos 25 de Mayo más en que el que el pueblo se volcará a la Plaza, en el que el pueblo estará feliz y en el que todos podremos, más allá de las diferencias, reconocer que por sobre todas las cosas somos, argentinos, el mejor legado que le podemos dar a nuestros hijos: el orgullo de país, el orgullo de tener Patria. Y que va a haber muchos veinticincos de mayo del pueblo”.

Todo un acto de amor.

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