Vamos a extrañar mucho a Cristina

Vamos a extrañar mucho a Cristina

Son las 12pm y el mediodía cae sobre el techo del colectivo. Alumbra los rostros compañeros este sol de mayo atípico. Por Ana Carbonetti

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(Foto: Alejandro Palladino)

Por Ana Carbonetti

La Plata, 25 de mayo de 2015.

Son las 12pm y el mediodía cae sobre el techo del colectivo. Alumbra los rostros compañeros este sol de mayo atípico. A ambos lados de la ruta se enfilan los carteles de campaña de unos y otros. Se mezclan los colores, las promesas. Las contradicciones. Pasamos el primer peaje y el contraste anaranjado invade las cabinas, contornea las líneas del camino. La ruta.

A la altura del km 21 tengo dos certezas: el kirchnerismo no es sciolista. Y vamos a extrañar mucho a Cristina. Todos los días.

Esta se perfila como “la última” de las movilizaciones masivas antes del 10 de diciembre. Ese día Cristina entregará el mando presidencial –pero nunca la conducción de nuestro movimiento– a quien gane las urnas. En definitiva, a quien elija el pueblo. Yo no creo en dioses ni santos, pero creo en este país y en su pueblo. Ojalá sea un compañero.

Ya en Avenida de Mayo la postal es celeste y blanca. La multitud avanza a paso rítmico como una gran bandera clavada en la península de algún rincón de este Sur. Sospecho, porque este camino ya nos es conocido, que estamos cerca de la Plaza. Y la tercer certeza se nos aparece como algo innegable: venimos de lugares tan distintos, pero no caben dudas de que caminamos todos hacia el mismo sol, soñamos esta misma Patria.

Reconquista y Av. Rivadavia. Suena un candombe de una escuela pública. Los bombos compañeros inician la misma melodía sagrada: el Himno Nacional. Y aunque me molesto por este gesto atolondrado de no escuchar(nos), la colisión patria me infla el pecho y me explota el alma. Estamos aquí, en esta Plaza. Plaza de nuestra entraña. Plaza de la historia y del amor. Aquí, hoy, una vez mas, hemos hecho patria.

El reloj da las 17:31 y en el escenario suena Ana Prada. La propuesta de “Igualdad cultural” me resulta fantástica. Maravillosa música del pueblo.

Ya cae la tarde y los grandotes cargan las banderas. Del fondo se disparan –precipitados– algunos fuegos artificiales. Un globo de esos de cotillón se pierde por el cielo y se funde casi en el mismo celeste. Tres pájaros vuelan hacia Diagonal Sur. Algunos se molestan, se irritan en el tumulto y la apretujada. Otros simplemente elegimos reír. Y bailar.

Todos miran la pantalla expectantes. Anuncian que Cristina llegó a la Plaza. Ya suena “Agarrate catalina”. Ya resuena la murga. Ya se olfatea el carnaval. La alegría es nuestra.


 

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