Por Ana Carbonetti

Sobre Hugo Bacci podemos decir muchas cosas.
Que es el tipo más peronista que conocimos, en principio.
Que formó parte de la FURN (Federación Universitaria para la Revolución Nacional), junto con Néstor y muchos otros compañeros.
Que detesta que le interrumpan cuando está hablando. Y que cuando arranca a hablar, no para.
Que es una gran caja de anécdotas. Y que tiene un sentido del humor inigualable.
Sobre Hugo Bacci podemos decir muchas cosas.
Que es un señor de boina y bombacha de campo. Pelo blanco y bigote simpático.
Que estuvo exiliado con su familia durante largo tiempo, por muchos lugares.
Que el día que lo fueron a buscar los milicos, zafó porque había ido al kiosco de 1 y 60 a comprar cigarrillos (y hacía meses que ya no fumaba, pero algo lo mandó a ese bendito kiosco).
Que decía “arroz con pollo, comida de reyes” mientras estaban exiliados en Panamá, Brasil y Miami.
Que se reencontró con sus compañeros y armaron “Memoria Fértil”, y siguen militando.
Sobre Hugo Bacci podemos decir muchas cosas.
Que es un setentista empedernido.
Que perdió muchos compañeros y amigos.
Que le hubiese gustado salvar al Turco Achem y a Carlos Miguel.
Que le discutió a Jauretche, y el tipo lo echó de la casa (aunque después se amigaron).
Sobre Hugo Bacci podemos decir muchas cosas.
Que es mentira que su único legado –como si fuera poco– son tres hijos y seis nietos. Porque en el camino nos adoptó a varios más, aunque sabemos que sus preferidos son los primeros.
Que tiene una compañera coraje, Lidia. Que sabe que es, incluso, más fuerte que él.
Que no nos perdona haberle faltado a algún que otro asado. Pero que nos compartimos incontables comidas y vinos.
Que vamos a extrañarlo mucho. Que nuestra Casa lleva su nombre.
Y que el verbo en presente es el compromiso de vencer el olvido. Porque este es nuestro humilde homenaje a un tipo que le ganó a los milicos y cumplió con el mandato de sobrevivir.
Hasta la vida y la victoria siempre, Hugo.