“La prostitución no es cualquier trabajo”

Entrevista a Graciela Collantes, referente de AMADH. “Nosotras le reclamamos al Estado políticas de inclusión”, explicó la mujer para quien tratar la prostitución como cualquier otro trabajo es banalizar y naturalizar la explotación y la violencia.

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Por Lucía García Itzigsohn y Lisa Solomin

 

Para la referente de la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos (AMADH), Graciela Collantes, hablar de la prostitución como si fuera un trabajo más es banalizar y naturalizar una práctica que conlleva situaciones de explotación y violencia. “Nosotras hacemos lo que nos hubiera gustado que hagan por nosotras: le reclamamos al Estado políticas de inclusión”, explicó.

AMADH nuclea a mujeres que han estado en situación de prostitución y tiene una clara postura abolicionista. A diferencia de otros grupos que luchan por la regulación de los servicios sexuales, la organización trabaja para que las mujeres puedan salir de esa situación. En una entrevista con Contexto, Collantes describió las acciones territoriales que realizan junto con el Ministerio de Trabajo de la Nación, con la convicción de que lo único que puede sacar definitivamente a las mujeres de la clandestinidad y la discriminación es la educación y el trabajo.

 

En los últimos días se lanzó una campaña nacional que busca reglamentar la prostitución como un trabajo. ¿Cuál es la opinión de ustedes al respecto?

Creo que se está usando algo grave que está pasando, que es una problemática social que tiene que ser tratada y debatida con todo el conocimiento que merece el tema. Lo están mostrando como algo natural, como cualquier otro trabajo, y esto no es así. Nosotras hace veinte años también pensábamos que la prostitución era un trabajo, que podía ser reglamentada, y decíamos que éramos trabajadoras sexuales. Por ahí nos sacábamos la policía de encima.

Con el tiempo hicimos nuestro propio proceso y empezamos a descubrir cuáles fueron los caminos que nos llevaron a las esquinas, a estar en esta situación, y vimos que ninguna en ningún momento había podido elegir. Por eso hacemos hincapié y decimos que la única herramienta que hemos tenido en todos estos años ha sido el abolicionismo. Nuestro país es abolicionista respecto de la prostitución. Nosotras entonces reclamamos las políticas públicas que han estado ausentes y que tienen que acompañar al abolicionismo. No creemos que reglamentando la prostitución se pueda mejorar. Nosotras defendemos el abolicionismo y consideramos que el reglamentarismo sería un retroceso.

“No consideramos que pueda ser un trabajo. Sí una salida económica en una emergencia o en una situación extrema. Es una situación en la que es fácil entrar pero difícil salir.”

¿Por qué ustedes sostienen que la prostitución no es un trabajo?

No consideramos que pueda ser un trabajo. Sí una salida económica en una emergencia o en una situación extrema. Es una situación en la que es fácil entrar pero difícil salir. Muchas mujeres solas con los niños, muchas que han sido víctimas de violencia, han terminado prostituyéndose. No quiere decir esto que alguien elija la prostitución para el resto de su vida, sino que muchas veces es lo que uno tiene a mano, pero no porque uno lo reconoce como un trabajo como cualquier otro. No es lo mismo. La prostitución no se ejerce solamente con los genitales. Se pone el cuerpo, la cabeza. Hay que soportar muchas cosas. ¿Dónde está la autonomía cuando tenés que someterte a lo que te están pidiendo? Hay que debatir seriamente y desnaturalizar el sistema de la prostitución. Salir con las facturas (NdR: en referencia a la campaña de AMMAR en la que reparten facturas por servicios sexuales) es una burla y esto no es un chiste. No es serio cómo se encara la propuesta. Esto no tiene que ver con la moral: los legisladores especulan con la ignorancia de las mujeres.

¿Algún legislador que está proponiendo la reglamentación se reunió con ustedes, les consultó qué pensaban?

No. Es subestimarnos, jamás nos llamaron para escuchar una opinión. Nosotras no nos oponemos a que cada una haga lo que quiera. Nosotras decimos que queremos avanzar en el reconocimiento de los derechos de las mujeres y hemos crecido también en el discurso. Si no queremos más discriminación y violencia no podemos salir a decir tan livianamente “con mi culo hago lo que quiero”, como dice un afiche de campaña. Será con el tuyo, pero con el mío nadie va a hacer lo que quiera. Yo no te voy a ir a cuidar el culo, pero sí voy a cuidar el mío, el de mi hija, el de mi nieta, el futuro de este país.

“nosotras hacemos lo que nos hubiera gustado que hagan por nosotras: Le reclamamos al estado políticas públicas de inclusión en educación, vivienda, trabajo.”

Ustedes en AMADH tienen otra política con las mujeres que salen de la prostitución y están articulando con el Ministerio de Trabajo. ¿Cuál es concretamente la tarea que hacen en el territorio?

En realidad nosotras hacemos lo que nos hubiera gustado que hagan por nosotras. Le reclamamos al Estado políticas públicas de inclusión en educación, vivienda, trabajo. A nosotras nos preocupaba que las mujeres que se acercaban a nuestra organización venían a pedir trabajo. Como no hay una política pública, porque a pesar de ser un Estado abolicionista siempre se persiguió a la persona que ejercía la prostitución y no se ponía el foco en acompañar con políticas de inclusión. El Ministerio de Trabajo es el único hasta hoy que sacó una resolución, que falta mejorar, pero que sirvió a muchísimas mujeres. Lo que estamos haciendo es una formación para mujeres que están en situación de prostitución o que han sido víctimas de violencia de género como promotoras de derechos humanos. Las mujeres que salen de una esquina o de un prostíbulo no pueden ir directamente a trabajar a una fábrica o a cualquier trabajo formal. Necesitan un proceso, necesitan empoderarse, conocer sus derechos y empezar a trabajar su autoestima. El curso dura ocho meses. Mientras van haciendo ese proceso se las acompaña. Cuando terminan ese curso deciden si quieren hacer un emprendimiento propio o colectivo y se les da la formación. Está muy bueno. En Tucumán, por ejemplo, hay 150 personas haciendo el curso. Nosotras creemos y estamos convencidas de que lo único que nos va a sacar de la clandestinidad, de la discriminación, es la educación y el trabajo.


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