Por José Welschinger

“Después de la lluvia siempre sale el sol: podrá parecer la tormenta más fuerte, el cielo más negro, pero el sol siempre sale”, sostuvo Cristina Fernández de Kirchner, en un discurso cargado de emoción, en la inauguración del Sitio de la Memoria que comenzará a funcionar dentro del Museo de la Memoria, en el ex centro de detenciones de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Durante la jornada, la Presidenta se refirió a las conquistas logradas en materia de Memoria, Verdad y Justicia frente a la última dictadura militar.

“Hemos decidido no denominar museo a este lugar. En los museos se guardan las piezas del pasado, y en este sitio se guardará la Memoria, la Verdad y la Justicia”, dijo Cristina. “Hoy estamos aquí cumpliendo con el mandato histórico por convicción, por comprensión, por todo lo que no pasó; porque la memoria no es pasado, para tener memoria hay que estar vivo en el presente”, afirmó.

“la memoria no es pasado, para tener memoria hay que estar vivo en el presente.”

Durante la ceremonia estuvieron presentes los ministros Florencio Randazzo, Agustín Rossi, Julio De Vido, y el jefe de Gabinete Aníbal Fernández; además de varias figuras del Gobierno, como los gobernadores Juan Manuel Urtubey y Daniel Scioli, el secretario general de la Presidencia Eduardo “Wado” de Pedro, Carlos Zannini, Oscar Parrilli, Martín Fresneda. También estuvo el ex ministro de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni.

“tenemos que garantizar el respeto de los derechos humanos. Hoy, aquí, hay una victoria de la vida sobre la muerte.”

“Yo quiero decirles a los cuarenta millones de compatriotas –sostuvo Cristina– que ya no tenemos que esperar la protección de un presidente o de una presidenta. Los cuarenta millones tenemos que garantizar el respeto de los derechos humanos, el pueblo se tiene que empoderar en su propia historia, en las tragedias y la victorias. Hoy, aquí, hay una victoria de la vida sobre la muerte.”

CFK en ex ESMA Carlotto Bonafini cabandié

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“Hemos ganado una batalla cultural”

cabandiéComo hace nueve años, el diputado nacional por el Frente para la Victoria Juan Cabandié, nieto de desaparecidos que recuperó su identidad en 2004, tomó la palabra durante el acto y recordó los logros alcanzados por el kirchnerismo en materia de derechos humanos. “En esa jornada, que marcó un hito, se forjó algo muy importante: una identidad colectiva, un acto reparatorio de identidad, que le abrió la puerta a la dignidad”, dijo recordando el 24 de marzo de 2004, histórico aniversario del golpe de Estado en el que Néstor Kirchner inauguró el Museo de la Memoria en la sede de la ex ESMA, ordenó bajar el cuadro del dictador Jorge Rafael Videla del Colegio Militar y pidió perdón en nombre del Estado.

El diputado apuntó contra los medios que avalaron y encubrieron el accionar de los militares en el poder, acusándolos de haber sostenido una “custodia mediática de los denigrantes”. “Los que vivieron y siguen viviendo de los setenta son los que maximizan sus utilidades a partir de que se quedaron en un cuarto de tortura con Papel Prensa”, sostuvo Cabandié. Y continuó: “Esos son los verdaderos actores que aún viven de los setenta, que fueron cómplices. Sin lugar a dudas esta jornada histórica marca un camino que ya tiene once años. Hoy hemos ganado una batalla cultural, la de la Verdad, la Justica y la Memoria. Y esa es una batalla que nadie va a poder doblegar”. Antes de finalizar, expresó su agradecimiento hacia Néstor y Cristina: “Yo sabía que ustedes me iban a cuidar, reparando el daño, habiendo construido una identidad colectiva”, y concluyó: “No hay patria si no hay derechos humanos ni memoria”.

El centro clandestino de la ESMA fue uno de los principales centros de tortura y exterminio por donde pasaron personas, generalmente perseguidas por su militancia política, social y sindical, la mayoría de las cuales permanece desaparecida. Allí eran alojados los secuestrados, donde se los sometía a sesiones de tortura para obtener información; y de allí también partían los “vuelos de la muerte”, en los que los detenidos, luego de ser torturados, eran arrojados vivos al Río de la Plata. En un sector del edificio funcionó una maternidad clandestina, donde los niños nacidos de madres desaparecidas eran entregados a familias de militares o civiles allegados a ellos.

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