El Diario Hoy es tristemente célebre entre los periodistas de La Plata por las pésimas condiciones laborales a las que somete a sus trabajadores: sueldos que no respetan el convenio específico, pagos en negro, tercerización, malos tratos y despidos con procedimientos apartados de cualquier legislación laboral son algunas de las variantes utilizadas por su directora, Myriam Reneé Chávez de Balcedo, para sembrar el miedo entre los redactores, fotógrafos y administrativos, quienes atemorizados por la posibilidad del despido o el “apriete” de las patotas del Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y Educación (Soeme, que “Nené” controla a través de su hijo Marcelo Balcedo) no logran organizarse para exigir condiciones laborales dignas.

Cada intento de organización interna de los trabajadores es repelido de la misma forma por la empresa: despidos de quienes lo promueven, eliminación de los pocos beneficios con los que aún cuentan los trabajadores (doble franco, nocturnidad, etc.), aprietes y amenazas. Esta metodología, que invariablemente se repite, año tras año, desde 1999 cuando se echó al último delegado sindical, tuvo su punto más álgido en agosto del año pasado, cuando se desató el actual conflicto que terminó con 13 trabajadores de prensa -entre periodistas y diseñadores gráficos- despedidos.

Todos los despidos responden a un mismo patrón: cercenar de raíz cualquier intento de organización gremial que intente modificar la situación de explotación que sufren los trabajadores del diario. Y dar un mensaje a cualquier otro trabajador que busque organizarse sindicalmente para reclamar por sus derechos.

Viejos métodos

Por su magnitud y la inusitada resistencia de los trabajadores, el conflicto iniciado en agosto fue de los más visibles. Pero, como se dijo, las prácticas de precarización y maltrato laboral ensayadas por Chávez de Balcedo no son nuevas.

Quienes osaban presentarse como delegados gremiales eran echados, las asambleas eran interrumpidas con amenazas y la redacción era dividida para evitar nuevos intentos de organización. Y si existía algún otro tipo de respuestas por parte de los trabajadores, la dirección apelaba a matones del Soeme o a los propios empleados de los talleres gráficos que, utilizados como “rompehuelgas”, amedrentaban a quienes levantaban la voz.

En el período 1993-1998, durante los primeros años del diario, se permitió cierta organización gremial con la elección de una comisión interna de delegados que respondía al Sindicato de Prensa Bonaerense (SPB). Pero luego de un conflicto desatado en el ’98 el diario decidió despedir a los delegados y no se permitieron más elecciones. Actualmente, el gremio de periodistas bonaerenses encabezado por Ricardo Salas directamente quitó al Hoy de su lista de delegaciones para “preservar a los trabajadores de las represalias de la patronal”, según observaron.

El periodista Pablo Spinelli, quien trabajó durante 10 años en el diario, contó que “en los primeros cinco años había una comisión interna con delegados -uno de ellos era Daniel Dalmaroni-, que fue descabezada en el primer conflicto. No recuerdo cuál fue el reclamo, pero sí me acuerdo que fueron echados rápidamente. Aquello marcó un antecedente que quedó grabado en la redacción, con muchos temores para hacer asambleas (generalmente fuera del diario) y con problemas para conseguir que alguien quiera ser delegado”.

El último delegado elegido por sus compañeros fue Duilio Ferro, quien reemplazó a Hugo Mancini, “un hombre mucho mayor que nosotros, muy querido, que terminó siendo echado y maltratado”, según narró Spinelli. “La única asamblea que se hizo dentro del diario -continuó el periodista- fue interrumpida por la directora del diario con amenazas. En aquel momento hubo una movida de la empresa que dividió a la redacción (no recuerdo cuál fue la metodología pero era una propuesta que incluía pagos en negro). Fue hecho a propósito para que una sección entera, la de deportes, se enfrentara con el delegado. Terminó mal, incluso con peleas a los golpes”.

Spinelli rememoró los ánimos que existían entre sus colegas por ese entonces: “había miedo a ser echados. Por eso las asambleas se hacían afuera, algunas veces en el Sindicato, la mayoría en cualquier otro lugar, pero no eran muchas. Siempre estaba latente la sensación de que los dueños del diario se enteraban de lo que se hablaba y quién lo decía apenas la reunión terminaba. Y estoy seguro que era así”.

Mariano Confalonieri, otro periodista que trabajó varios años en la redacción del Diario Hoy, apoyó los dichos de Spinelli, al manifestar que “cuando entré a trabajar en 1997 la organización sindical estaba presidida por Hugo Mancini. Se hacían asambleas pero a espaldas de los directivos. Los editores infundían temor para que nadie asista a las asambleas. Con el tiempo la empresa echó a Mancini en forma ilegal, ya que los fueros que tenía como delegado lo protegían; y quedó a cargo Duilio Ferro, pero ya no era lo mismo. El mensaje fue muy fuerte y terminó debilitando la organización gremial”. Bajo estas circunstancias, Ferro renunció en 1999, siendo el último delegado gremial con el que contó el diario.

El descabezamiento de la última comisión interna solo empeoró las cosas en la redacción, donde las situaciones de explotación continuaron desarrollándose aún con más crudeza, incluso después de la aprobación de las nuevas leyes laborales que terminaron con la flexibilización menemista.

Más cerca de la actualidad, Fermín Ruiz de Erenchún, un periodista que trabajó en el diario entre 2008 y 2009 aseguró que su experiencia en el Hoy “fue como estar tres años en la guerra. Durante el año que trabajé no tuve registro de apoyo gremial. Las mejoras en las condiciones de trabajo durante mi estadía en la web del diario, corrieron por parte de nuestro jefe, quien logró una mejora salarial y el reconocimiento de un día franco; él siempre luchó por nuestros derechos”.

Por su parte, Agustín Santarelli, quien trabajó durante el mismo período, sostuvo que en aquel entonces “no existía representación sindical ni posibilidades”. De todos modos, narró que “informalmente intentábamos organizarnos, acompañarnos, pero estábamos muy lejos de esa posibilidad”.

El año 2008 marcó un punto de inflexión para los trabajadores del diario. Además de las situaciones de explotación y maltrato diarias, Chávez de Balcedo obligó a todo el plantel periodístico a renunciar a sus cargos sin derecho a indemnización y pasarse al régimen de monotributo, utilizado mayoritariamente para empleados autónomos, es decir, quienes realizan trabajos por contrato de servicios, sin relación de dependencia. En este caso, los periodistas del Hoy trabajaban regularmente en la redacción, por lo que, por estatuto, debían permanecer en planta.

Con el cambio, los trabajadores del diario perdieron su antigüedad y la empresa dejó de pagar jubilaciones, obra social, vacaciones y cuota sindical. Ante esta situación, muchos de los “históricos” de la redacción, en su mayoría jefes y subjefes de sección con peso a la hora de discutir aumentos salariales y condiciones de empleo, renunciaron.

De esta forma, “Nené” desmembró aun más la poca resistencia interna que podía existir dentro del diario. Además, con este nuevo encuadramiento evitaba cualquier tipo de demanda laboral, puesto que, según las nuevas condiciones, los trabajadores no se encontraban en relación de dependencia con la empresa. Para mayores recaudos, los periodistas facturaban siempre a diferentes empresas “fantasma”, una de ellas con un inexistente domicilio en Salta.

Santarelli recordó que “mi ingreso al diario coincidió con el traspaso de los trabajadores de planta permanente a monotributo. La dueña del diario obligó a quienes trabajaban en planta, que hasta 2008 eran casi todos, a renunciar e iniciar los trámites de monotributista, yo ingresé directamente en esa condición. En los primeros tres meses que facturé, debía hacerlo a distintas empresas, todas ellas fantasma, una con dirección legal en Salta”.

Por su parte, David Barresi, uno de los primeros trabajadores despedidos en el conflicto del año pasado, descree que esta situación de precarización laboral tenga como único fin obtener un mayor rédito económico. Para él, la empresa busca impedir la organización de los trabajadores. “El diario promueve un recambio constante del personal por la precarización, las horas de trabajo, el pago, y el incumplimiento de un montón de derechos laborales. Esto hace que el recambio sea constante y que las experiencias de organización dentro del diario duren poco. La historia de la organización gremial del diario estuvo cortada todo el tiempo: la patronal aspira a que no se conforme nunca un grupo que reclame por los derechos laborales colectivamente”, sostuvo.

Además, rememoró en base a la experiencia de sus compañeros, que “en aquel momento las elecciones tenían que ver más con el empuje personal de algunos trabajadores pero no había calado hondo en todos, sobre todo por el miedo, que es la forma en la que se aprende a laburar ahí”.

Todo sigue igual

Si bien la problemática de los maltratos laborales y los despidos injustificados en la redacción del Diario Hoy es una cuestión que data de años, en el último semestre de 2014 la práctica se agudizó, adquiriendo ribetes extremadamente violentos.

Ya en el mes de julio la situación interna del medio era muy tensa: tras el Mundial, el jefe de la sección deportiva, Juan Pablo Ferrari, agredió físicamente al fotógrafo Demian Alday. Según se relató en un comunicado de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN), “durante una simple discusión por asuntos laborales, el Jefe de Deportes reaccionó propinándole un violento y sorpresivo cabezazo en el rostro a Alday, quien se tambaleó con su rostro bañado en sangre”.

Ferrari es sindicado por los trabajadores como uno de los jefes de sección con más llegada a Chávez de Balcedo. Su agresión aceleró un proceso de organización gremial que venía madurando desde hacía algunos años. David Barresi narró que “en 2011 entramos un conjunto de compañeros que teníamos la intención de reclamar por nuestros derechos. En ese momento todos estábamos en negro, como monotributistas, lo que era una muestra de la derrota de los trabajadores”.

“En agosto de 2012 se despidió a toda el área de fotografía: la dueña comenzó a exigir una mayor cuota de producción y no la pagaba y los compañeros, sobre todo los que hacía mucho que estaban, se negaron y los terminaron echando. Uno de los trabajadores gráficos denunció todo lo que pasaba en el diario y organizó marchas al ministerio de Trabajo, obligándolos a que se interioricen en la situación de los trabajadores. Tras ello, casi inmediatamente comenzaron los blanqueos a fines de año”, narró Barresi, identificando uno de las primeras acciones desarrolladas en conjunto desde adentro de la redacción.

El ex trabajador del Hoy sostuvo que tras ese hecho “de a poco comenzamos a organizarnos, sin levantar mucho la perdiz, porque nos iban a despedir seguro. Y empezamos a pedir algunas cosas para revertir la situación de precariedad. Así fuimos consiguiendo pequeños beneficios, como el doble franco, el encuadramiento en el convenio de periodistas y el respeto de las horas de trabajo. También conseguimos cierta flexibilidad en la hora de entrada”.

Envalentonados por los frutos que iba dando la incipiente organización, los trabajadores comenzaron un proceso de afiliación al Sindicato de Prensa Bonaerense. No obstante, alertado de algún modo sobre esta situación, la empresa volvió a la carga con más exigencias de trabajo, algunas de ellas insólitas. “Si no entrabas antes de las 16 no te dejaban pasar y te suspendían. Y si protestabas te echaban”, recordó Barresi.

En medio de esta situación se dio el ataque de Ferrari a Alday, lo que provocó una respuesta inmediata de todos los trabajadores, quienes comenzaron a hacer circular el incidente por distintos medios, dejando expuesta la situación que se vivía dentro del diario. Para Barresi, “a partir de ahí la patronal se avivó de que había un proceso de organización, de hecho 20 de nosotros ya estábamos en proceso de afiliación al gremio, con el objetivo de poder elegir un delegado”.

En ese contexto comenzaron los despidos: el 1° de agosto, tras el receso invernal fueron despedidos tres redactores y dos diseñadores. Giselle Leclercq, una de las periodistas echadas ese día, contó que la única explicación que recibieron por parte de la directora fue que habían “colgado una foto en Facebook”. Les dijo además a sus empleados que “eran unos pendejos hijos de puta que no llegaban a ser ni los imberbes de la Plaza de Perón”.

Sin embargo, consultada por los periodistas Ezequiel Oslé y Juan Suárez que la abordaron a la salida del diario, “Nené” aseguró que “de los despidos no sé mucho, solo unos chicos que hicieron lío, yo recién llego de mi largo descanso y me encontré con esta situación. Estoy investigando”[1]. De todos modos, justificó la decisión al señalar que “si vos sos periodista, si vos estas en un diario no podés estar ‘en la misa y en la procesión’. Si ellos hacen un despelote adentro hablando mal del diario, es lógico lo que haría la patronal”. Pero al ser consultada sobre cuál fue el “lío” que justificara cinco despidos, la dueña del diario solo atinó a responder que “se pelearon entre ellos, se siguieron, no sé porque no estaba”.

Pese a estas declaraciones, Chávez de Balcedo dijo que los despedidos eran “de izquierda” pero “no militantes, idiotas útiles, porque acá la movida la hizo un señor que se llama Szpolki”, en referencia al dueño del Grupo Veintitrés, a quien acusó de buscar generar un conflicto interno dentro del diario.

“No voy a permitir que dentro de mi diario, que no cuenta con pauta nacional ni municipal haya esta gente. Si alguien viene y me toca el tambor acá qué decisión querés que tome”, se excusó Balcedo, mostrando claramente que sí sabía cuáles eran los motivos de los despidos: la organización gremial. Y completó, como para no dejar ninguna duda, que “soy reaccionaria y dictatorial, a los 75 años soy capaz de pasar con esta camioneta por arriba a cualquiera por defender un medio que hace lo que nadie hace”.

Por su parte, Barresi contó que se enteró del despido la misma tarde del 1° de agosto, cuando intentó ingresar a la redacción junto a Leclercq y un trabajador de la planta gráfica se lo impidió, invitándolo en cambio a ir a hablar con el abogado de la empresa, quien le dijo que “iba a haber un proceso de ajuste porque estaba en crisis. Pero nosotros sabíamos que no era así: había comprado máquinas nuevas para las rotativas, la dueña adquirió una casa en Bariloche. La situación de crisis era discutible y se lo dije: esto es persecución gremial”, contó el periodista.

“Yo no me quise ir de la empresa hasta no obtener un telegrama porque si no es abandono de trabajo –continuó. Se produjo una situación tensa porque el abogado nos quería sacar igual y me prometió que iba a mandar el telegrama. Vino la abogada nuestra, se llamó a gente del sindicato y después de un tiempo nos terminamos yendo. A diferencia de otros casos nos tuvieron que mandar el telegrama. Después de tres meses y tras muchas movilizaciones nos ofrecieron algo de indemnización, que no es la que nos corresponde de todos modos”.

Estos primeros cinco despidos desencadenaron una serie de protestas y marchas y una gran presión a través de las redes sociales para que el ministerio de Trabajo tome cartas en el asunto. Sin embargo, las autoridades provinciales brillaron por su ausencia y en los siguientes días se produjeron otros 3 despidos más, bajo las mismas características.

Las concentraciones en la puerta del diario se desarrollaron casi desde el día 0 del conflicto. Apenas iniciada la ola de despidos, la Federación de Trabajadores de Prensa (Fatpren) ya había convocado a una protesta en las instalaciones de la avenida 32. El lunes 4 de agosto, el secretario general de Fatpren, Roberto Zorrilla, acompañado por integrantes de las comisiones internas de otros diarios de La Plata y de Capital Federal, se congregaron frente a las instalaciones del diario con el objetivo de dialogar con las autoridades. Eso, como era de esperarse, no ocurrió. Al intentar ingresar, los manifestantes se toparon con un escuadrón de más de diez matones del Soeme, quienes bloqueaban la puerta y restringían el ingreso y egreso al medio.

Luego de aguardar varios minutos, se leyó un comunicado en el que se dejó asentado cuáles eran las bases del reclamo: los trabajadores pedían por la reincorporación de los 8 trabajadores, el “cese inmediato de las amenazas de despido y de la violencia laboral”, la incorporación de todo el personal al convenio 541/08 y la fiscalización del trabajo en negro.

Días más tarde, y aún sin respuesta por parte de la empresa ni de las autoridades, tuvo lugar el “prensazo”, una movilización de periodistas de La Plata y Capital Federal hacia la Gobernación y la Legislatura bonaerense, con el objetivo de presionar a las autoridades provinciales para que intervinieran en conflicto. La movilización se realizó el 20 de agosto y conjugó a más de una decena de organizaciones sindicales, estudiantiles y políticas que tomaron las calles platenses, sumando al reclamo del Diario Hoy los retrasos en los pagos a contratados de Radio Provincia y la situación de los trabajadores del portal web Diagonales, en ese momento controlado por el Grupo Veintitrés. Durante la marcha se entregó un pedido de audiencia con el Gobernador Daniel Scioli y se obtuvo un breve encuentro con su vice, Gabriel Mariotto.

Según comentó Ramiro Laterza, otro de los trabajadores despedidos del diario, el titular del Senado “escuchó atentamente los reclamos laborales y se mostró receptivo”. Mariotto se comprometió a acelerar el proceso de promulgación de una ley aprobada hace 4 años, que reglamenta el artículo 64 del Estatuto del Periodista, prohibiendo al Estado otorgar pauta publicitaria oficial a aquellos medios que tengan a sus empleados en negro. Pese a ese compromiso, al día de hoy la ley sigue esperando la firma de Scioli para entrar en vigencia.

Los trabajadores continuaron con algunas medidas de presión a las autoridades provinciales, que se mostraron inconmovibles y apenas enviaron una inspección al diario, sin resultados. En tanto, la empresa había echado a otros dos trabajadores, elevando la cifra de despidos a 10.

Cansados por la falta de respuesta estatal, los trabajadores despedidos decidieron realizar una medida de alto impacto para visibilizar de una vez por todas sus problemas: intentando forzar a que el conflicto se vuelva “colectivo” –calificación que el Ministerio le negaba pese a la existencia de 10 despidos- resolvieron bloquear las instalaciones del diario para que se declare la conciliación obligatoria y se fuerce a la empresa a reincorporar a los despedidos.

“El 9 de octubre, nos convocamos a la puerta del diario para reclamar por los despedidos. No hicimos ninguna citación pública para evitar que se enterara la dueña”, reconoció Barresi. La estrategia era impedir la presencia de las patotas sindicales que de seguro intentarían romper el bloqueo con violencia. No se imaginaron que la situación podía ser aun peor.

Los manifestantes bloquearon la avenida 32 entre 3 y 4, donde ubicaron una bandera que aclaraba que el diario estaba “tomado por despidos”. En el interior del edificio se encontraba la dueña del diario y unos pocos trabajadores administrativos. Todo se realizaba de forma pacífica, hasta que una hora después del inicio del bloqueo llegó un grupo de Infantería de la Policía Bonaerense, con grupo antimotines incluido. El jefe del operativo policial dialogó con los trabajadores, quienes le dijeron que estaban manifestando a la espera de una resolución del ministerio de Trabajo de la Provincia. “Habíamos puesto un equipo de sonido y pasábamos música y le contábamos al que pasaba por ahí como era la situación”, rememoró Barresi. El jefe policial no hizo objeciones y les pidió a los manifestantes que lo dejaran pasar para hablar con Chávez de Balcedo, a lo que éstos accedieron sin ningún inconveniente.

A la salida del encuentro, el jefe del operativo se dirigió directamente a sus tropas y, unos minutos después les ordenó avanzar sobre los trabajadores, sin ningún aviso previo. “Vimos cómo repartían plata entre los matones, y minutos después la policía empezó a reprimir. Habían oficiales infiltrados entre los manifestantes, y apresaron a cinco, sin que hagamos nada ofensivo”, declaró Barresi. Pese a que los trabajadores retrocedieron sin ofrecer resistencia, el jefe dio la orden de reprimir. Fueron gases lacrimógenos y balas de goma contra los trabajadores de prensa del Diario Hoy y otros medios de La Plata que se habían acercado para apoyar el reclamo.

Tal suceso dejó un saldo de cinco detenidos, además de una decena de periodistas y manifestantes heridos, en su gran mayoría por balas de goma. Es por eso que esa misma tarde, los manifestantes se trasladaron a la Comisaría Segunda, ubicada en 38 entre 7 y 8, para reclamar la liberación de los demorados.

Pese al repudio unánime del resto de los medios de comunicación, las autoridades bonaerenses no se hicieron cargo de la situación ni accedieron a revisar el accionar de la Policía. Solo hubo una nueva convocatoria del Ministerio de Trabajo para una audiencia al día siguiente, que no dio ningún resultado ya que la empresa no se presentó.

La manifestación -pensada originalmente como una medida para forzar la reincorporación de los trabajadores cesanteados- terminó con nuevos despidos: tres periodistas que se negaron a ingresar a la redacción tras los incidentes, al ver a sus compañeros heridos. En un primer momento la empresa decidió suspenderlos por 10 días, sin goce de sueldo y ningún tipo de notificación oficial. Pero tras varias semanas de incertidumbre los involucrados decidieron negociar un “retiro voluntario” con la empresa. Así, el saldo de los despidos del Diario Hoy alcanzó la cifra de 13 trabajadores

Pero lo más insólito de la situación fue la particular visión del diario el día posterior a la represión. Con un tapa negra y retocando las fotos para invisibilizar los verdaderos reclamos de los trabajadores, el Hoy denunció un “ataque a la libertad de prensa”, responsabilizando esta vez a la Administración Federal de Impuestos (AFIP), a quien acusó de mandar a los periodistas al diario en represalia por una “investigación” que el medio publicó contra el titular del organismo, Ricardo Echegaray.

En una nota editorial publicada al día siguiente, se indicó que “manifestantes bloquearon el egreso e ingreso de periodistas y trabajadores al diario Hoy. Buscaron impedir, por la fuerza, que saliera la edición. Un atentado a la libertad de prensa que se suma a otras acciones hostiles contra el periodismo independiente”.

“La libertad de expresión corre serio riesgo en la Argentina. Ayer se registró una verdadera escalada de ataques y agresiones, con claras intenciones políticas, contra medios de comunicación independientes, que tienen una línea editorial cuestionadoras al gobierno nacional”, continúa el artículo, que relaciona el “ataque” con la reciente decisión de la empresa de distribuir los ejemplares del diario de manera gratuita y con “las investigaciones exclusivas contra la AFIP y luego de una serie de notas críticas a la forma en que el gobierno K conduce al país”.

Casi como una ironía, la editorial se preocupa por los “periodistas y trabajadores de la redacción” que no pudieron ingresar al medio, lo que provocó que se “coartaran investigaciones sobre el poder político que teníamos en elaboración”. “Los trabajadores, que intentaban ingresar al edificio eran apretados y amenazados, y permanentemente se escuchaba la siguiente consigna de los que realizaban la violenta protesta: ‘acá no entra ni sale nadie’. Mientras tanto, los que estaban dentro del edificio, desde periodistas, empleados administrativos y hasta personal de limpieza, habían quedado como rehenes. Fue una privación ilegal de la libertad”, continúa el artículo.

“Lo más penoso de todo es que trucaron la foto que publicaron en el diario. Nosotros teníamos la bandera que decía ‘diario bloqueado por despidos’, y ellos le borraron un par de palabras y mostraron sólo lo de ‘diario bloqueado’. Se notaba demasiado el retoque en la foto”, se lamentó David Barresi.

En torno a la represión ejercida por las fuerzas policiales, el diario publicó que “los trabajadores y directivos del diario Hoy, como así también los canillitas que diariamente hacen la titánica tarea de distribuir 60 mil ejemplares, agradecemos la intervención de las fuerzas del orden. Y hacemos un llamado de atención ante el accionar de intereses que buscan impedir, por la fuerza, que siga existiendo masividad informativa en la región”. Fue a través de una nota escrita por el jefe de redacción, Juan Gossen, el principal vocero de Chávez de Balcedo en la redacción.

[1] https://soundcloud.com/ojahir1987/mriryam-rene-chavez-de-balcedo


Investigación realizada por estudiantes de la comisión 2 de la cátedra de Periodismo de investigación (profesora titular: Cynthia García; profesor adjunto: Pablo Llonto) de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social – UNLP. Cohorte 2014. Docente a cargo: José Giménez.