Por Héctor Bernardo

En la reciente Cumbre de las Américas llevada adelante en Panamá, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, hizo referencia a la histórica política intervencionista de Estados Unidos en la región.

En respuesta a algunas de las declaraciones que había hecho el presidente Barack Obama durante su alocución, la presidenta argentina aseguró: “Es cierto que las interferencias que recordamos y a las que hizo mención, por ejemplo, el presidente Castro, derrocamientos de gobiernos democráticos, tal vez los más emblemáticos los de Salvador Allende y Jacobo Árbenz, forman parte de la historia, de invasiones o de la tercerización de los golpes a través de las Fuerzas Armadas locales de cada país. Pero también es cierto que han surgido nuevas formas más sutiles de intervención e influencia en nuestros gobiernos a través de lo que se conoce como ‘los golpes suaves’. Golpes suaves donde se utilizan medios masivos de comunicación multinacionales, denuncias falsas, asociaciones caprichosas de Estados con otros Estados para hacer no sé qué cosas y conspiraciones. Son más sutiles, son más sofisticadas, pero no por ello dejan de ser intervenciones y siempre encuentran su origen en nuevas organizaciones bajo el nombre de ONG […] ONG que siempre luchan o por la libertad o por los derechos humanos o por todas las cosas loables que todos compartimos, que nunca se sabe de dónde se financian, que siempre están dispuestas a hacer las denuncias más esotéricas, que nunca pueden comprobarlas, pero que apuntan claramente a la desestabilización de los gobiernos de la región y, fundamentalmente, de aquellos gobiernos, curiosamente, que más han hecho por la equidad, por la educación y por la inclusión social”.

Luego de su discurso y en conferencia de prensa, la mandataria volvió a remarcar: “Hay otras formas de intervención más sutiles y sofisticadas, bajo la forma de ONG que nadie sabe de dónde vienen ni quienes la financian, pero luego se descubre que tienen reuniones secretas en algunas embajadas”.

No es la primera vez que la presidenta argentina hace mención al rol que cumplen estas entidades en la región. La proliferación de Fundaciones y Organizaciones no Gubernamentales (ONG) merece ser estudiada y analizada en profundidad.

Durante la década neoliberal, mientras las derechas regionales impulsaban el achicamiento del Estado, comenzaban a multiplicarse este tipo de instituciones que intentaban ocupar el lugar que quedaba vacante.

Muchas de estas organizaciones tenían –y tienen– la mejor de las intenciones y desarrollan una tarea loable. Pero otras son sólo la punta de lanza de la política intervencionista norteamericana. En muchos casos se trata de simples fachadas para canalizar fondos hacia los sectores más reaccionarios de la oposición, fomentar la intervención en la sociedad civil con la intención de desestabilizar los procesos populares, generar el desprestigio de los mandatarios que no se alinean con Washington, y han llegado al extremo de fomentar y financiar golpes de Estado.

Represores de las últimas dictaduras, partidos de derecha, paramilitares, medios de comunicación, la CIA y los fondos buitres, todos ocultos detrás de nombres que reivindican los mejores valores de la humanidad, pero que nada tienen que ver con su verdadero accionar.

Los casos de Bolivia, Ecuador, Cuba, Nicaragua, Venezuela y, por supuesto, Argentina, merecen desglosarse detalladamente y ver cómo existe un mismo patrón que los engloba. Pero, primero, es necesario entender el origen de esta forma intervencionista en la región.

 

La punta del ovillo

Para el Gobierno de Estados Unidos, América Latina y el Caribe siempre han sido su patio trasero. Con la intención de controlar ese territorio al sur del Río Bravo, los sucesivos gobiernos norteamericanos han impulsado golpes de Estado, bloqueos económicos, presión a través de los organismo multinacionales de crédito, financiamiento de mercenarios y grupos terroristas, intentos de magnicidios y, en algunos casos, invasiones directas (la última, pero no la única, en 1989 en Panamá).

Si bien el gobierno estadounidense no ha abandonado ninguna de estas prácticas, en el último tiempo ha incrementado su trabajo en otra área, las ONG. Como bien señala la investigadora venezolana-norteamericana Eva Golinger, para su política exterior Estados Unidos tiene tres herramientas: el Departamento de Estado, que es la herramienta diplomática; el Pentágono, que es la herramienta militar; y dos entidades que por momentos funcionan en conjunto y en otras ocasiones de forma autónoma: la USAID y la NED, que conforman la herramienta de intervención en la sociedad civil.

En 1961, el presidente demócrata John Fitzgerald Kennedy creó la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, conocida mundialmente como USAID por sus siglas en inglés (United States Agency for International Development).

Veintidós años después, en 1983, el presidente republicano Ronald Reagan dio origen a la Fundación Nacional para la Democracia, conocida como NED (National Endowment for Democracy).

Si bien se supone que el rol de estas entidades es fomentar la democracia y el desarrollo, en la práctica han demostrado ser un mero instrumento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

En su libro Evo en la mira, CIA y DEA en Bolivia, la periodista argentina Stella Calloni analiza en profundidad el vínculo de la NED con la Agencia Central de Inteligencia norteamericana. En base a una investigación del periodista Thierry Meyssan, Calloni asegura: “La mayoría de las figuras históricas de las acciones clandestinas de la CIA han sido en algún momento miembros del Consejo de Administración de la NED, entre ellos Otto Reich, John Negroponte, Henry Cisneros o Elliot Abrams”.

La participación de la NED, la USAID y sus ONG en los fallidos golpes de Estado contra los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez (2002), de Bolivia, Evo Morales (2008), y de Ecuador, Rafael Correa (2010). Los golpes concretados contra el presidente de Paraguay, Fernando Lugo (2012), y de Honduras, Manuel Zelaya (2009). El rol que jugaron en Nicaragua contra el sandinismo y en Cuba (con uno de los últimos casos más resonantes conocidos como el Zunzuneo). El vínculo en Argentina de estas organizaciones con la Fundación Libertad, Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL), el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), la Fundación Vital Voice, la Fundación Pensar y varios de los referentes de la política local como Mauricio Macri, Laura Alonso y Patricia Burllich. La participación directa y a veces velada de la embajada norteamericana expuesta a través de los Wikileaks. Todos puntos de una trama compleja que es necesario analizar minuciosamente para poder entender cómo funcionan algunas ONG y, en definitiva, cómo se construyen las máscaras de la CIA.