Hace poco menos de dos años, la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata produjo un documental: Pequeña Babilonia, 30 años de rock en democracia. Allí se expresaba en lenguaje cinematográfico uno de los tantos relatos que se pueden elaborar alrededor de la cultura rock de esta ciudad. Para abastecer esa narración se había elegido un camino, el de la inclusión. La idea inicial fue contar el rock total, es decir, hablar de los presentes pero también recuperar la voz de los que, por distintas causas, se alejaron de la música. Una idea tan ambiciosa como imposible. Pero el intento valió la pena y hoy es una película que recién comienza su recorrido por salas y festivales.

De aquel intento quedó también un modo de pensar la escena rock y un modo de narrarla. Es decir, quedó una ética, la del registro. De eso se trata Pequeña Babilonia: una manera de hacer que quedó expresada en un documental y que ahora, a partir de hoy, se traduce en un suplemento semanal.

La aspiración es la de registrar, semana a semana, el movimiento de una escena de músicos comprometidos y público interesado. Es otro proyecto imposible, pero creemos que necesario.