Por Maximiliano Ceci

La Justicia condenó a Ana María Grimaldos a seis años de prisión por la apropiación de Javier Penino Viñas, el hijo de Hugo Penino y Cecilia Viñas, desaparecidos desde julio de 1977. El Tribunal Oral en lo Criminal N° 4 la encontró coautora penalmente responsable de la retención y supresión de identidad del menor. La querella de Abuelas de Plaza de Mayo y el fiscal Horacio Azzolin habían pedido 12 años para la acusada, quien mantuvo el beneficio del arresto domiciliario.

“Quedó claro que es un delito de lesa humanidad y que ella fue partícipe”, dijo Carlos Viñas, el hermano de Cecilia, tras el fallo que condenó a la apropiadora. “Para él, esto debe ser sanador”, dijo  Cecilia Fernández, la abuela de 91 años de Javier.

“La condena la tiene en el alma esta señora”, completó la abuela en referencia a Grimaldos. Javier, de 37 años y padre de dos hijos, se fue de la sala junto a su apropiadora, con quien había ingresado.

La lectura del veredicto se realizó pocos minutos después de las 13 en la sala AMIA de los tribunales federales de Comodoro Py. A pesar de que la resolución de los jueces Pablo Bertuzzi, Néstor Costabel y Leopoldo Bruglia otortgó la mitad de la pena solicitada, respetó la calificación legal propuesta por la querella y la fiscalía.

“Estamos satisfechos con que se haya declarado la responsabilidad del hecho por el cual acusamos. Se tuvo por probada la retención y el ocultamiento, por lo que se descarta la versión que Grimaldos dio estos años”, explicó Azzolin al finalizar el debate.

Grimaldos se escapó del país en 1984 junto a su esposo Jorge Vildoza, represor de la ESMA, tras la apertura de la causa por apropiación en su contra. Luego de estar 25 años prófugos, Grimaldos volvió al país en 2012 para realizarse un tratamiento de salud, y quedó detenida acusada de los delitos de “sustracción y retención de un menor, falsificación de documento público y supresión de estado civil”.

Durante todo el juicio, la apropiadora adujo que por su ingenuidad y sumisión “no preguntó nada” y “sepultó cualquier tipo de cuestión” sobre el origen del niño, y aseguró que pensó que era adoptado. Entre la prueba documental, se destacó el certificado de nacimiento falso suscrito por el jefe de Sanidad en la ESMA.

Cuando el niño apropiado fue encontrado por Abuelas, el matrimonio Grimaldos Vidolza escapó con Javier con documentación falsa que les facilitó Inteligencia Naval argentina. Tras pasar por Inglaterra y Austria, se establecieron en Sudáfrica, donde supuestamente Vildoza murió en 2005, con otra identidad. Según la familia, el cuerpo fue cremado; la justicia argentina no pudo acreditarlo, por lo que sigue en carácter de prófugo.

 

El dibujo y el ADN

En1983, los medios se animaban a dar los primeros nombres de un grupo de tareas. El dibujante y médico Jorge Hipólito Meijide se quedó inmóvil al leer el apellido Vildoza. A su cabeza vino una fotografía, un momento muerto. Recordó cuando fue a hacer una visita domiciliaria a una casa de Acasusso y se encontró con una mujer que más que madre parecía abuela, un nene con cara triste y una habitación impecable que no correspondía con la de un chico de siete años.

Meijide tuvo la certeza y no dudó en ir a hacer la denuncia a la sede de Abuelas de Plaza de Mayo. Días después, Cecilia Fernández se acercó a la redacción de la revista Humor y Meijide repasó la secuencia en casa de Vildoza. Tomó un lápiz, dibujó el rostro del niño y lo giró en dirección de Cecilia. Ella puso la foto de su hija al lado y no hubo dudas.

Javier Penino Viñas nació en septiembre de 1977 en la ESMA. Allí había sido trasladada su madre, Cecilia Viñas, luego de pasar por los centros clandestinos de detención Vesubio y la Base Naval de Buzos Tácticos de Mar del Plata. Viñas dio a luz al niño en una precaria sala de partos conocida como la “pieza de las embarazadas”, asistida por el médico de la Armada Jorge Magnacco. Lo nombró Hugo Carlos. Ella permanece desaparecida.

En 1998, Javier se enteró de la denuncia al matrimonio Vildoza y que él era buscado por su familia biológica. Ese año retornó de Sudáfrica para hacerse el test de ADN y comprobó su verdadera identidad.