Por Eduardo Aller

“Informamos que con motivo de la puesta en servicio del Satélite Argentino ARSAT-1, todas las transmisiones de Presidencia de la Nación serán migradas al mismo” (sic). Con ese breve comunicado, la empresa nacional ARSAT daba cuenta en diciembre del inicio de una tarea que hoy ya está completada y que era el primer objetivo de la puesta en órbita del primer satélite geoestacionario argentino: que todos los clientes “estén mudados” con éxito al nuevo aparato.

“Se terminó de manera satisfactoria la migración de la mayoría de todos los clientes desde el satélite norteamericano AMC-6, que estaba en una posición cercana”, confirmó a Contexto el ingeniero Andrés Rodríguez, jefe del proyecto ARSAT-1.

El proceso, según cuenta ARSAT, fue secuencial y de “alta complejidad”, y estuvo programado en detalle con muchos meses de anticipación, dado que “requiere la perfecta coordinación de todos los clientes involucrados”.

La primera transmisión fue el 13 de diciembre, en el acto por los 31 años de democracia en la Argentina. En ese momento, el presidente de ARSAT, Matías Bianchi, expresó: “Celebramos también que hemos desarrollado y puesto en servicio un satélite que es símbolo de la democracia consolidada, que es democracia con equidad, con desarrollo tecnológico y con inclusión social”.

“Los trabajos de coordinación fueron óptimos”, para reducir al máximo los trastornos y los tiempos de pérdida de señal, amplió Rodríguez, que ahora está a cargo del equipo que monitorea al ARSAT-1 las veinticuatro horas del día, los siete días a la semana, desde la estación terrestre ubicada en la localidad bonaerense de Benavídez (Estación Terrena Benavídez de ARSAT, según su nombre institucional).

Esas tareas de monitoreo incluyen un sistema de alertas tempranas y tarea de corrección permanente. Como el ARSAT-1 es geoestacionario, es decir, debe mantenerse en la misma posición (posición orbital de 72° longitud oeste) con respecto a un observador en tierra, cualquier corrimiento puede afectar la calidad de su servicio.

“El satélite tiene una deriva, es decir, tiende a moverse del lugar óptimo para prestar un buen servicio, ya que las antenas de recepción están fijas y fácilmente acusan cualquier variación. Así que todas las semanas se hacen trabajos de corrección”, explicó Rodríguez.

Esto es posible porque el satélite es propio y no tercerizado. “De esta manera, si vos sabés que se va a mover, es posible anticiparse al momento crítico”, amplió Rodríguez, y detalló que “la caja en que lo mantienen es de 0,1 grado”. Nada mal para un “bicho” que pesa tres toneladas, flota a treinta y séis mil kilómetros y no cuenta con ninguna protección de los campos magnéticos de la Tierra, lo que lo hace estar expuesto a un hábitat sumamente hostil

Aseguradas las prestaciones actuales, el segundo paso es comenzar a usar la capacidad satelital que ahora sobra para desarrollos públicos o privados. Por el momento, con el ARSAT-1 se inició un trabajo de hacer llegar televisión digital e Internet a zonas del país que el mercado había dejado olvidadas por falta de rentabilidad.

Hasta antes de la puesta en órbita del ARSAT-1, el país debía alquilar un satélite a terceros, sobre el cual no podía realizar ningún tipo observación o monitoreo, ni tampoco disponer de “señal de más”.

“En particular, el ARSAT-1 permitirá que lugares de nuestro país que están alejados de los centros urbanos o que tienen baja densidad poblacional no necesiten más que una antena de pequeño tamaño para ver televisión, navegar por Internet, emitir y recibir datos o realizar llamadas telefónicas IP”, explican de manera oficial.

Otra cuestión a tener en cuenta es que con el ARSAT-1 el país dejó de gastar divisas para alquilar capacidad satelital. Y, una vez terminado el proyecto espacial (ARSAT 1, 2 y 3; y Tronador II), también empezará a ingresar moneda extranjera, ya que desde otros Estados podrán requerir esos servicios. Esto demuestra que la restricción externa, o “el problema de los dólares”, no se soluciona con recetas mágicas, sino poniendo de pie sectores de la industria nacional que estaban abandonados.

De ahora en adelante, y quizá para los próximos quince años de vida útil del ARSAT-1, el desafío será mantener en alto los estándares de calidad. Que no haya noticias será una buena noticia.

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 En busca de la soberanía espacial

tronadorARSAT-2: será el segundo satélite argentino y su lanzamiento está programado para mediados de este año. Estará en la posición 81º longitud oeste, que es la segunda banda asignada al país por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo de Naciones Unidas encargado de establecer los criterios para “dividir” el espectro espacial.

Mientras el ARSAT-1 ya cubre todo el territorio nacional, incluidas las Islas Malvinas y el territorio antártico argentino, además de países limítrofes, el ARSAT-2 lo complementará con todo el continente americano.

Actualmente se encuentra en el Centro de Ensayos de Alta Tecnología (CEATSA), en Bariloche, donde es sometido a condiciones que simulan las del espacio a nivel de presión y de temperatura.

Ambos satélites ya fueron asegurados internacionalmente, lo que posibilita la reposición de elementos en caso de fallas irremediables y “es en sí misma una prueba de máximo nivel que avala la calidad de nuestros satélites y de los procesos de diseño y producción”, aseguran desde el Gobierno.

ARSAT-3: estará listo para su lanzamiento en 2017 y completará el Sistema Satelital Geoestacionario Argentino de Telecomunicaciones. Permitirá multiplicar frecuencias y ancho de banda para mejorar los servicios de Internet satelital.

Tronador II: con el Arsat-1, el país entró en el selecto grupo de naciones que fabrican y tiene satélites propios. Pero, para entrar en un aun más exclusivo grupo y cerrar el círculo de la soberanía especial, a Argentina le resta tener su propia plataforma de lanzamiento de satélites. El Arsat-1 partió de la Guayana Francesa, en instalaciones de la compañía Arianespace.

Y el Tronador II será eso. Tendrá treinta metros de alto, podrá colocar en órbita a seiscientos kilómetros satélites de observación de hasta 250 kilogramos que brindarán información aplicable a la agricultura, a la gestión de emergencias, etcétera. Las pruebas con prototipos se realizan en Punta Indio, pero estará ubicada en Puerto Belgrano, en Punta Alta. Después de haber concluido con éxito las etapas intermedias, se esperan buenas noticias para este año.

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