Por Keila Raitzin

El domingo pasado finalizó el Encuentro Federal de la Palabra en Tecnópolis, del que participaron alrededor de 370 mil personas, según el Ministerio de Cultura de la Nación, que organizó el evento ya por segunda vez. De esos miles de participantes, más de doscientos tuvimos el privilegio de presenciar la entrevista que Martín Rodríguez le hizo a Mario Wainfeld en una sala colmada. El entusiasmo por la propuesta y la atención del público eran tales, que se sostuvieron de principio a fin sin que nadie se moviera de su silla –los que habíamos llegado temprano y habíamos logrado ocupar un asiento– o del rincón conseguido con un poco menos de suerte –en el caso de la gente de a pie o de aquellos que se acomodaron en el piso para escuchar al entrevistado durante una hora y media–. Si no estuviste entre los más de doscientos afortunados que tuvimos el placer de compartir ese momento, seguí leyendo porque acá registramos para vos algunos de los recortes más destacados de la entrevista.

 

Un divulgador de la política

“Hay divulgadores de la historia, de la ciencia, de la economía. Yo creo que Wainfeld, entre otras cosas, es un divulgador de la política. Viene de la política y llegó al periodismo, pero no para vengarse de la política”. Así fue como Rodríguez introdujo la charla con el columnista de Página/12, quien se mostró muy satisfecho con la presentación. “Me gusta que digan que soy un divulgador”, confesó el entrevistado. Además, Rodríguez recordó un decálogo que fue redactado a partir de una clase que Wainfeld había dictado el año pasado en el Seminario de Periodismo Político de la Revista Anfibia, cuyo primer punto declaraba: “Los periodistas deportivos aman el fútbol. Los de espectáculos aman el cine, el teatro, la televisión. Los de política, en su mayoría, desprecian a la política. Es imposible ser un buen periodista político si se desprecia la política”. La sala estuvo de acuerdo.

A continuación, Wainfeld contó cómo fue que de abogado y militante saltó al periodismo, aunque de forma tardía, según él mismo consideró, porque lo hizo alrededor de los cuarenta años de edad. En este sentido, relató su propio proceso interno: “Yo hice esta cuenta, dije: resulta que me peleé con el peronismo que es lo más grande que hay, lo más vasto, enorme, es como la patria misma, abarca todo, porque tenía divergencias. Yo tenía razón, sigo creyendo que tenía razón [risas]. Después me peleé con el Frente Grande, que son mis cuatro amigos del barrio. También tenía razón [risas]. Entonces me dije una cosa, que a veces no es fácil de decirse y tuve la suerte de decirme, que es: hay un problema conmigo y la política orgánica. En ningún colectivo me puedo manejar, por dos premisas: yo tengo un espíritu crítico y quiero ser bastante orgánico. Entonces, dije: yo quiero ser periodista y, a través del periodismo, hacer política. Y dije: tengo un solo diario en la Argentina en que lo puedo hacer: Página/12”.

 

También hay que saber salir del palacio

A la hora de describirse a sí mismo en relación con su profesión, Wainfeld resumió: “Yo soy un salame que entra a lugares donde gente común no entra o no todo el tiempo”. Y, en esa misma línea, reflexionó: “Me es más fácil acceder al ministro de Educación que a seis maestros. Esto te distorsiona un poco la mira. ¿Cómo se resuelve? Trato de no quedarme encerrado en la lógica de palacio. Hay muchos periodistas que se pasan despotricando contra los que ocupan el palacio y sólo hablan con ellos y un puñado de empresarios”.

 

Ecosistemas periodísticos

En cuanto al debate sobre los medios y el periodismo, Wainfeld comparó esta nueva época con la anterior y reconoció que es cierto que antes del kirchnerismo los periodistas se llevaban mejor entre sí: “El menemismo era muy antagónico con el periodismo en general y era un gran productor de hechos investigables. Permitió que hubiera una paz simplista”. Pero al mismo tiempo destacó que en ese consenso aparente de crítica del periodismo al poder político había diferencias “entre quienes criticaban al menemismo por su ética pública y su estética y los que teníamos críticas, más profundas pero menos de moda, a la falsa estabilidad, a la entrega del patrimonio nacional, al modelo de convertibilidad”. En ese sentido, ejemplificó: “Hubo un momento en el periodismo de Argentina en el que importó más si hubo sobornos en la privatización de YPF que la propia privatización de YPF”. Y, por último, concluyó: “Si me preguntás en qué micromundo o ecosistema te sentís mejor, en este de hoy que es tan beligerante o en ese, a este le sobra un poquito de beligerancia pero, en el fondo, es más franco, más real y más político.No éramos todos iguales”.

 

La foto que falta

Durante la entrevista, Wainfeld también hizo referencia a algunos de los dirigentes políticos con los cuales le tocó vincularse. En relación a Cristina Kirchner, Raúl Alfonsín y Chacho Álvarez subrayó la destacable formación intelectual y cultural de los tres. Sobre Néstor Kirchner expresó que fue “un presidente que era un compañero”, y reveló que no puede comprender cómo, habiendo tenido la oportunidad, nunca se sacó una foto con él.
Paradojas del oficio.