Por Roberto Álvarez Mur

Desde el surgimiento de corrientes de pensamiento ligadas a la liberación de los pueblos de América Latina hasta la reciente puesta en marcha de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual 26.522, la idea de la comunicación y los medios como actores directos dentro de los procesos políticos tomó un enclave crucial en los últimos años. La discusión sobre el periodismo como territorio.

Las representaciones de la comunicación como espacio de discusión política, posicionamientos y subjetividades, se ponen en debate día a día en los espacios académicos y toman forma en gestiones políticas. Claudia Villamayor, directora de la recientemente surgida Tecnicatura en Comunicación Popular de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, en diálogo con Contexto desarrolla el eje neural de este concepto.

—Hay algo fundamental al momento de conceptualizar la Comunicación Popular. Esto refiere a la idea de identificar los conflictos sociales, a evidenciar las necesidades surgidas de esos mismos conflictos y, en particular, la visión que los diferentes actores sociales poseen frente a ellos. Asimismo, se debe destacar la toma de posición que se adopta siempre. En definitiva, la comunicación y el periodismo, entendidos desde lo popular, deben evidenciar las injusticias sociales.

¿Cómo se detecta la idea de injusticia?

—Las injusticias están ligadas a los más necesitados y los más vulnerables. Todo lugar social, cultural, político y económico donde los derechos sociales estén vulnerados, es donde se encuentra el territorio de la comunicación popular. Aquí en La Plata, existen casos ejemplares como la revista La Pulseada, radios como Raíces o Estación Sur, que son espacios mediáticos pensados para dar palabra a las realidades y miradas emergentes y alternativas dentro de lo social y político.

La gestación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual generó la puesta en común de organizaciones sociales, partidos políticos y entidades representativas de los medios de comunicación en la Argentina, con el objetivo de pensar un escenario desarrollado en torno a intereses populares y democráticos. En este sentido, la aparición activa del Estado frente al papel de los medios frente a los intereses populares marcó un antes y un después dentro de la cultura y la comunicación.

—Esto es un proceso que podemos remontar hacia treinta años atrás, pero que sin duda alcanzó su punto máximo a partir de la sanción de la Ley. A partir de allí, muchísimos jóvenes emprendedores comenzaron a gestar nuevas formas y proyectos de medios, lo cual generó un nuevo espectro dentro del ejercicio de la comunicación y el periodismo.

A través de diferentes propuestas estéticas, discursivas y operativas, los medios emergidos al calor de la comunicación popular articulan su labor, en muchos casos, en diálogo con organizaciones barriales e instituciones sociales de diversos ámbitos.

—Lo popular está ligado a una dimensión política de emancipación, justicia e igualdad social, y una patria soberana. No es una concepción abstracta, está ligado a alterar el orden que naturaliza la injusticia y el poder concentrado. Desmitifica los mitos sobre toda forma de discriminación. La idea de la comunicación popular no se cristaliza en un sector único, como podría suceder comúnmente en referencia a las radios barriales comunitarias, sino a todos los espectros mediáticos y comunicacionales anclados en la idea de lo contrahegemónico.

El periodismo es el Otro

 

—Jamás vi un informe de TV donde te muestren, por ejemplo, cómo se hace en una villa para poder pagar un funeral o un cumpleaños. No reflejan los modos de organización y entendimiento dentro de la villa. Sólo existe la estigmatización —dijo a Contexto uno de los tantos colaboradores de La Garganta Poderosa, la revista que puso en el mapa de los medios de comunicación la difusión de la cultura villera.

Con cuatro años de existencia, la revista se convirtió en un ejemplo de periodismo construido desde la necesidad de dar voz a los sectores sociales invisibles a los focos de las grandes corporaciones mediáticas. Continuando la tradición de publicaciones gráficas que supieron combinar un periodismo cultural y una retórica alternativa y de vertientes ideológicas fuertemente posicionadas, tales como Fin de Siglo o La Rosa Blindada, La Garganta marca una presentación de sí misma como una declaración de identidad representativa de los sectores marginales.

El concepto de cultura villera no tiene que ver con una reivindicación de la pobreza ni la emergencia, sino a una sucesión de valores que prevalecen en nuestro barrio y que muestra el modo frente al cual nos paramos para observar la realidad que nos rodea. La revista es un método de hacer visible nuestras luchas, nuestros reclamos y nuestras vivencias.

La Garganta Poderosa es el resultado de la organización de cooperativas de trabajo de diversas villas y barrios, junto a agrupaciones militantes que encontraron, a través de un medio de comunicación gráfico, un modo de generar sentidos e instalar una mirada propia respecto de los sectores más vulnerados de la sociedad.

—Es muy simple: los medios de comunicación hegemónicos te muestran la mierda que flota, pero no la cloaca tapada.