Editorial Atlántida no dio respiro. Como práctica fue un sistema, lo que, articulado con los otros medios, nos acerque en un futuro a poder hablar de “delitos mediáticos de lesa humanidad” por su activa participación en la dictadura cívico-militar.

Ya en este diario, Cristian Secul analizó la relación entre dictadura y periodismo deportivo, así como se publicaron textos sobre la relación del genocidio con otros medios y Papel Prensa.

¿No estamos ya en condiciones de comenzar a pensar en una sistematicidad en el ámbito comunicacional que permita delinear o aplicar algún tipo penal sobre los civiles?

Sabemos que cada vez que queremos ampliar los anillos de la responsabilidad, como con Blaquier o Massot, las resistencias se multiplican y el consenso logrado en los juicios a los militares debe reconstruirse.

A nuestro entender, estas “acciones mediáticas” fueron tan sistemáticas que no hubo género comunicacional que quedara por fuera de esa escritura que reorganizó la hegemonía en Argentina.

Sabemos que la Guerra de Malvinas fue el eslabón esquizo de un sector del bloque hegemónico de la dictadura que veía con preocupación el recalentamiento de las luchas sindicales, las protestas de los vecinos de Lanús contra el aumento de impuestos y la lucha que los organismos venían sosteniendo.

Y a la guerra fuimos con responsabilidades, en parte aclaradas por el informe Rattenbach, las responsabilidades militares. La pregunta es, nuevamente, ¿y las civiles?

Silvia Fernández Barrio y José Gómez Fuentes, Pinky y Cacho Fontana, los diarios y la emblemática Somos, son insignias de esta configuración macabra que pretendía el continuismo.

Pero, como bien sostuvo Ernesto Laclau, la hegemonía debe pensarse desde la articulación y viceversa. Esta articulación hegemoniza no como aplanadora, sino como una interpelación unitaria aun en su dispersión.

Por eso, Contexto fue a los archivos por un recuerdo. Yo recordaba a Libertad Lamarque en una tapa de Para Ti. Revisitada en estos días, no me sorprendió tanto ver que no era la actriz cantante de “La sonrisa de mamá”, sino que la tapa era sobre la Guerra de Malvinas y la “función de la mujer” en aquel marco.

Sabemos que los estudios sobre revistas femeninas hechos por autoras marxistas, sobre todo inglesas, como Brunsdom, Butler y Mc Robbie, han iluminado bastante el campo para abandonar interpretaciones deterministas, pero también para no caer en una exaltación de supuestas apropiaciones críticas de estos textos de la hegemonía carnicera neoliberal.

Coincidiendo con Mc Robbie, podemos hablar de un “espacio interdiscursivo” de producción, en este caso del autoritarismo y la hegemonía, que nunca son, salvo en momentos de crisis orgánicas, una acción unidireccional del Estado y sus aparatos.

Releer Para Ti del mes de abril de 1982 aporta en este sentido: la necesidad de toda hegemonía de diferenciarse en registros, tonos, voces y audiencias para sostener su accionar.

A esta altura, Constancio Vigil ya no puede ser considerado un empresario, sino un participe. El armado de este número especial de la revista femenina es un dispositivo de construcción de una “estructura de sentimientos” que pone el acento en el dolor, el cuidado, la pérdida, pero, paralelamente, en su necesidad. Las categorías son términos tanto de la tragedia griega como del folletín popular: las que sufren, las que lloran, las que defienden la soberanía, las que esperan y las que actúan.

Pero a no dejarse engañar: si hay dolor por una muerte, ese tono se justifica en la necesidad y la obra de la invasión. Si se llora, se espera que la patria gane, y lo justifican porque la guerra es obra de “un gobierno que prometió desterrar la inflación”.

Joya de relojería, testimonios tan ficcionales como relato de un sujeto pre Freud de mujeres de clase media, media alta y baja. De las provincias y sus pobres enviados al matadero ni noticia: el género unitario no resiste ninguna gama.

Para Ti no es un mecanismo de “estupidización de la mujer”, como propuso el menemizado Varela Cid, sino un eslabón configurador constante y prolijo de una subjetividad obediente donde el género no es una cosa o identidad, sino una relación, una diferencia articulada para que el capital, el horror y el poder expoliador continuaran haciendo su obra. Pronto llegaría la derrota y Constancio Vigil y su sistema de medios viraría, sin ningún arrepentimiento. Por eso aún, tanto tiempo después, seguimos luchando por nuestra soberanía en Malvinas y por toda emancipación igualitaria que solo un pueblo emancipado puede lograr.