Por María Belén Rosales*

En Argentina, desde 2009, el debate público y posterior reconocimiento de un conjunto de derechos en materia de géneros y sexualidades y de ciudadanía comunicacional han sido materializados en leyes, en políticas públicas y en organismos de monitoreo de medios, respecto del abordaje de la violencia simbólica y mediática como problemática social. Según un informe del Observatorio de la Discriminación en Radio y TV, formado por la Afsca, el Inadi y el Consejo Nacional de las Mujeres, el 37% de las quejas del público son contra situaciones que estereotipan a la mujer o fomentan los abusos, seguido por la categoría definida como “condición social”, con un 21,3%; luego, por “niñas/os y adolescentes”, con un 17,9%; “xenofobia”, 4,2%; “discapacidad”, 2,9%; y “orientación sexual”, 2,9%.

A partir de la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual Nº 26.52 y la Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres Nº 26.485, asistimos a la reiterada y convergente preocupación de organizaciones representativas de la ciudadanía, la academia, la política y el propio campo periodístico en torno a que los medios de información masiva no sólo se han apartado de las funciones sociales que les estaban asignadas, sino que, al mismo tiempo, afrontan una compleja desprofesionalización. Este es un tema que se ha hecho evidente y cotidiano en la escena pública en los últimos años en el debate que se abre y teje la trama relacional medios, público y Estado.

Muchos de los Observatorios de medios han desarrollado metodologías de análisis crítico de las formas de representación del género en los discursos mediáticos, a fin de indagar sobre las tensiones, continuidades y transformaciones de los modos en que se presenta la organización genérico-sexual de nuestra sociedad. En los medios de comunicación de nuestro país, los cuerpos y los géneros son moldeados por los estereotipos, que, como modelos normativos simbólico-culturales prefijados, preestablecen lugares culturales que preceden a los sujetos y normalizan lo que se espera de cada uno de ellos guionando las rutas personales y colectivas que deben seguirse para conformar los cursos de normalidad.

Pensar entonces desde el diálogo entre la comunicación y el género no sólo implica fortalecer la mirada crítica en relación con los sentidos hegemónicos que reproducen los medios masivos, sino también orientar la mirada sobre las prácticas de producción comunicativa y la responsabilidad social de los medios.

Los Observatorios de medios en Argentina nos presentan un mapa diagnóstico de los materiales simbólicos con los que contamos para ir creando un futuro de cambio en la cultura mediática de nuestro país al permitirnos explorar el lugar que los medios ocupan como dinamizadores de las transformaciones respecto de los modos tanto subjetivos como colectivos de percibir y vivir los cuerpos, géneros, deseos, desde paradigmas comunicacionales que nos incluyan y nos representen en nuestras diferencias y nuestros diversos modos de existir.

 

Sobre el informe

Del informe que el Observatorio realizó sobre la base de los reclamos recibidos durante el primer semestre de 2014, el 85,4% de estos mensajes corresponde a contenidos emitidos por televisión, y el 14,6% a radio. Y mientras las quejas sobre la TV provinieron en su mayoría de la ciudad y la provincia de Buenos Aires, las críticas a contenidos radiales fueron mayores en las provincias en relación con frecuencias locales.

“La violencia mediática puede abarcar desde el mal tratamiento de un caso de violencia extremo como un femicidio, hasta situaciones de violencia simbólica como una estigmatización o una cosificación realizada por los/as comunicadores/as que reproducen y refuerzan la violencia y las formas de discriminación hacia las mujeres”, explica el informe. Luego se identifican distintas expresiones de la violencia en los medios. “Abundan los reclamos por tratar a las mujeres como objetos sexuales tanto en los programas como en las publicidades (23,9 por ciento) o donde las mismas son estereotipadas en roles fijos que no admiten cambios, como los que las ubican como sumisas amas de casa o mujeres despechadas y/o histéricas (22,7 por ciento). En esta ocasión, un dato que merece la pena ser destacado es la considerable cantidad de reclamos que advirtieron sobre la naturalización y hasta justificación con la que en algunos programas se exhibe el acoso y/o el abuso de índole sexual (18,9 por ciento).” Como ejemplo, el informe cita que recibieron muchísimos mensajes tras las declaraciones hechas por Mauricio Macri en marzo pasado sobre los piropos, y el rebote –en opiniones, coberturas, comentarios– que tuvieron esas expresiones en numerosos medios.

También se cuestionaron algunas coberturas sobre femicidios (2,2%) y se destaca la cantidad de reclamos sobre violencia mediática ejercida sobre mujeres (32,3%). “Esto pudo observarse con claridad en el repudio al maltrato que ejercen algunos famosos conductores televisivos y radiales sobre compañeras, colegas u otras mujeres del medio. A modo de ejemplo, podemos hacer referencia a la situación que tuvo como protagonista a un conductor de programas de espectáculos y a una modelo y ex integrante del programa Gran hermano”, dice el informe.

Del mismo modo, el sexismo se infiltra en el análisis de la categoría “niñas, niños y adolescentes”. El 17,9% de los reclamos en relación con esta categoría fue sobre una publicidad de bolsas de residuos en la que una niña le pide a su padre que le pague una operación de cirugía estética para aumentar el tamaño de sus pechos. A raíz de la cantidad de reclamos, en abril el Observatorio había hecho un informe puntual sobre esta publicidad y se reunió con la compañía Azurín y la agencia responsable FKW, luego de lo cual la empresa sacó del aire el spot.

Observar críticamente para (de)construir

La relación entre los medios de comunicación y la ciudadanía es crucial cuando se trata de evaluar la calidad de una democracia y las oportunidades de participar de la construcción de la sociedad en que todas –y lamentablemente hace falta seguir insistiendo– las mujeres tienen un rol insolaslayable, máxime cuando los modelos de interpelación propuestos por los medios masivos construyen una idea de mujer vinculada al éxito a partir de la exaltación de los atributos físicos, la preeminencia de las corporalidades sometidas a cirugías plásticas (botox, siliconas, etcétera), la obtención de estatus por la conquista del erotismo de compañeros que se desempeñan preferencialmente en el mundo profesional del fútbol, la televisión o la política como escalada al ascenso social y la popularidad. Los medios de comunicación en Argentina aceptan ver a las mujeres como objetos sexuales y en roles poco complejos, estereotipos que se reproducen en la vida cotidiana, lo que hace que las mujeres se enfrenten a más limitaciones que los hombres en la vida pública, en el trabajo y en la política.

Desde hace más de una década se vienen desarrollando diversas experiencias de observación mediática en la multicultural América Latina. En general, nacen de la preocupación que tienen tanto la academia como la sociedad respecto de la pérdida de legitimidad de los profesionales de la comunicación, la falta de responsabilidad social de los medios en las propuestas de sus contenidos y la caída de la calidad del trabajo periodístico para representar un mundo cada vez más complejo y cambiante.

El observatorio del Afsca-Inadi-CNM rescata como balance positivo una mayor concientización de la población en relación con los derechos a proteger también por los medios de comunicación, por ejemplo los referidos a la sanción de leyes sobre identidad sexual y matrimonio igualitario que permitió reducir la discriminación en los medios sobre este temática, lo que plantea un avance en la batalla por el cambio cultural y una participación ciudadana activa en las denuncias contra los modelos de comunicación hegemónicos que degradan y excluyen la dimensión humana y la potencialidad creativa y no sólo recreativa de lo femenino.

Desde el Laboratorio de Comunicación y Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social creemos que la experiencia de los Observatorios de medios en nuestro país muestra que las leyes no implican por sí solas una conquista si no son articuladas y usadas en el marco de una serie de prácticas integrales para la transformación simbólico-cultural. Esta concepción de la comunicación implica prácticas y saberes que confronten la experiencia de los modos de dominio naturalizados para cambiar la vida colectiva concreta y materialmente. Por eso, concebimos la producción de políticas no como un problema de configuración del perfil técnico de los expertos, asesores o especialistas, sino como intervención de la Universidad pública en las luchas políticas. Lo comunicacional es situado entonces como material y espacio de las formulaciones ideológicas y culturales donde el carácter múltiple, heterogéneo y situado de las políticas de derechos que hemos logrado no señala simplemente logros u objetivos cumplidos –y, por lo tanto, resueltos–,  sino nuevos desafíos a nuestras formas organizativas para la emancipación colectiva.

*Laboratorio de Comunicación y Género, Facultad de Periodismo y Comunicación Social.