Por Fabiana Rousseaux*

24 de marzo se ha transformado en un significante por sí mismo, más allá de todas las definiciones que cada uno ponga en esa cifra referencial a-temporal.
Me atrevo a decir, que se trata a esta altura, de una holofrase, en el sentido de la máxima contracción de la lengua en una “palabra- frase”, que designa por si misma un sentido -si bien no unívoco-, describiéndole a una comunidad, una situación en su conjunto, una situación que la define, según lo expresa Lacan en la primer acepción que le otorga a este concepto en el Seminario 1, del año 54. Allí lo utiliza en un estricto sentido lingüístico y podemos entenderlo como un Acto de lenguaje cuya expresión es monolítica.
Ya en el tercer momento en que lacan toma la idea de holofrase, que es en el seminario 11 del año 64, lo define en términos de “solidificación”, Marcando una diferencia entre el efecto de solidificación de significantes y el efecto de metáfora.
Me interesa marcar la idea de “24demarzo”,  no como metáfora,  sino como holofrase, ya que en esa denominación -que solo hace sentido a nuestra comunidad y no a todas-, se juega en cada acto del 24, una marca  de lenguaje que vuelve a confrontarnos con el traumatismo de ese mismo lenguaje, es decir, la imposibilidad de entender todo lo sucedido.
En cada marcha, sino de juntarnos para volver a pasar por lo intramitable de la experiencia compartida e intentar encontrar un sentido a lo vivido, y que incluso hoy, con la repetición reparadora de las marchas, nos reconocemos como comunidad en esa cadena de frases construidas en conjunto.
Así, en el marco de esa construcción colectiva,  la singularidad de cada lugar, frente a esta fecha traumaticamente significante (contrasentido radical del discurso), abre diferentes vías para cada quien.
Un paciente decía en estos días de conmemoración, que empezó a ir a las marchas para dejar de “cortarse las venas” cada 24 de marzo,  porque era la fecha donde según él, se confrontaba con toda la “veracidad” de lo sucedido, a pesar de lo cual no lograba hacer ningún movimiento nuevo con eso. Sencillamente el dolor “debía volver” a imponerse en su cuerpo y casi como mandato memorístico. De modo que el tenia que volver a transitar por el dolor en la carne corpórea, cada “24”.
Otra paciente, también en esta semana, se preguntaba si no sería hora de comenzar a ir a las marchas del 24, ya que desde su liberación en el centro clandestino de detención donde estuvo secuestrada durante 2 años, no había podido nunca compartir ese espacio publico de la plaza, porque temía que su dolor y su luto íntimos, fueran banalizados si ella los exponía alli.
Vemos entonces, como en estas preguntas, en estos actos subjetivos a los que aún hoy siguen siendo compelidos quienes transitaron por las experiencias del horror en la Argentina, insiste la pregunta acerca de ¿qué se hace con eso?
Me parece central, insistir en las formas de actualidad de los efectos que provocan los delitos de lesa humanidad en quienes deben atravesarlo. Ante los delitos imprescriptibles, los daños que encontramos son también imprescriptibles. Esto no quiere decir que no podemos hacer nada con ese dolor o con esas marcas, todo lo contrario. Lo inaceptable es suponer que esos delitos podrían no dejar marcas en los cuerpos ni en la sociedad.
Decir esto, tampoco significa sostener que un sujeto que atravesó por esta experiencia estará condenado a permanecer siempre en el mismo lugar, seria una lectura muy poco seria (aunque algunos casos nos deben seguir interpelando).
Sin embargo, en este espacio colectivo de la marcha, de la conmemoración que se evoca junto a otros, lo que hemos transitado como comunidad, se abre a las huellas de lo construido y nos ayuda a dimensionar un legado difícil de subvertir en cuanto a la magnitud que abre la dimensión colectiva de los hechos.
La insistente repetición de las conmemoraciones que todas las sociedades que transitaron por experiencias concentracionarias provocan, enfrentan a su comunidad con la crueldad vivida, el dolor invisible que portan esos cuerpos sociales, aun los que creen no haber sido tocados por el terror estatal.
No nos olvidemos que el secreto y la clandestinidad de los crímenes, se dieron en una temporalidad simultánea con los márgenes de una legalidad, no legítima, pero legalidad que en muchísimos casos tomo formato jurídico. Pensemos en la infinidad de actas que el aparato del Estado terrorista argentino produjo y donde  se detallan los modos en que precisamente ese Estado escribió sus crímenes, a pesar de la enorme maquinaria clandestina que puso en marcha para garantizar la máxima impunidad.
Convivimos con esa temporalidad simultánea, también convivimos con cerca de 400 cuerpos que aun se encuentran desaparecidos, porque sus nombres continúan apropiados, convivimos con miles de nombres que aun no se encontraron con sus restos.
Hemos transitado un impresionante camino de reconstrucción de memoria, de verdad, de justicia y de reparación, con un altísimo impacto simbólico que nos ayuda a recorrer estos sinuosos caminos que nos han impuesto los responsables de delitos de lesa humanidad, sin embargo, una gran parte de esa tarea nos continuará convocando por muchos años mas, incluso ante las nuevas generaciones que cargan con este legado. Somos parte de una historia que desanda sus sentidos para volver a armarlos, restituyendo su existencia en la construcción de las memorias y las verdades  y esa oportunidad se da cada vez que se inicia un juicio, se dicta una sentencia, o se acerca un compañero o compañera a querer contar su histroria por primera vez, o nos preparamos para salir a la plaza, agarrar la bandera un ratito, tomar del brazo a una madre o una abuela, alzar a nuestros hijos y contarles que en este país seguimos marchando el “24demarzo” aún cuando no todos puedan venir, porque nos pasan cosas distintas…pero seguimos marchando.

*Psicoanalista. Consultora a Proyecto Clínicas del testimonio, Comisión de Amnistía, Ministerio de Justicia de Brasil. Fundadora y Ex directora del Centro de Asistencia a víctimas de violaciones de Derechos Humanos “Dr. fernando Ulloa” de la SDH del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Argentina