Por Laura Masson*

A fines de la década del 70 se produjeron las primeras incorporaciones de mujeres a las Fuerzas Armadas Argentinas y en 1978 a la Fuerza Aérea, a través de la denominada Policía Aeronáutica Nacional, una fuerza de seguridad militarizada que ejercía funciones de poder de policía de seguridad en los aeropuertos. En vísperas del mundial de fútbol que se realizaría en ese año en el país, las mujeres poblaron los aeropuertos para recibir a los turistas extranjeros. En ese momento ya se habían multiplicado las denuncias de violación sistemática de los derechos humanos, por parte de la dictadura, realizadas en gran parte por los exiliados argentinos. En ese contexto, las hipótesis que se aventuraron (y se sostienen) sobre el alistamiento femenino, están vinculadas con la necesidad del gobierno militar de mejorar la imagen del país ante el mundo. ¿Suavizarla? ¿Embellecerla?

En 2015, a casi cuarenta años del Golpe de Estado de 1976, también se cumplen casi diez años del inicio de la implementación sostenida de las políticas de género en el ámbito de la defensa, impulsadas durante la gestión de la Ministra Nilda Garré. Las medidas efectuadas no solamente promovieron un cambio en las relaciones entre varones y mujeres dentro de las fuerzas armadas, sino que dieron paso a la apertura de nuevas lógicas de vinculación institucional que exceden (o tal vez no) las relaciones de género. Las mujeres militares han sido parte del proceso de democratización de las fuerzas armadas y esto ha dado lugar a que en materia de género las Fuerzas Armadas Argentinas estén en algunos aspectos un paso adelante de la administración pública nacional (por ejemplo, licencia por paternidad e implementación de lactarios en los lugares de trabajo).

Si en 1978 la incorporación de las mujeres al ejercicio profesional en las fuerzas armadas fue considerada una estrategia para “maquillar” a la dictadura cívico-militar, a partir de 2005 fue concebida como parte ineludible de la política de derechos humanos que se consideró necesario implementar. Sin embargo, la incorporación de mujeres a las fuerzas armadas es uno de aquellos temas de difícil abordaje, una especie de tema tabú que hace estallar más de una lógica.

Argentina es un país de referencia en la región por su experiencia en la incorporación de mujeres en las fuerzas armadas y en general se trata de un tema que despierta simpatías, sin embargo, no ha sido una demanda prioritaria del movimiento de mujeres. Pero, sí podemos decir que las mujeres militares promovieron la igualdad de género y hasta han incursionado en los espacios de militancia del movimiento de mujeres, llevando su experiencia en tanto mujeres militares e intentando mostrar que sus condiciones de desigualdad se asemejan a las de otras mujeres. Pero, el movimiento de mujeres las ha recibido colmado de contradicciones, que en algunos casos se manifestaron con embestidas mordaces. Por su parte, dentro de las fuerzas armadas tampoco es un tema de fácil resolución. Mientras hay quienes reciben las políticas de género con aquiescencia, las impulsan y se enorgullecen de que el país haya transitado un importante camino en este tema; otros se adaptan con resignación y un cierto sinsabor. Finalmente, hay quienes las han considerado parte de una estrategia de desvalorización institucional.

Mujeres en las fuerzas armadas: contradicciones, ambigüedades y desestabilización del ordenamiento jerárquico según el género. Para mejorar la imagen sí, pero para profanarla también.

*Universidad Nacional de San Martín. Instituto de Altos Estudios Sociales. Núcleo Interdisciplinario de Estudios de Género y Feminismos.