Por Cristian Secul Giusti*

El deporte es un referente cultural y un símbolo que brinda prestigio por su vínculo con los aspectos colectivos e individuales de la sociedad. Del mismo modo, mientras se instituye como punto nodal para la exaltación del ejercicio y el juego, es también un instrumento de propaganda y de divulgación que ha sido manipulado por regímenes autoritarios y despóticos durante distintas décadas. Particularmente, el deporte argentino fue utilizado por la última dictadura cívico militar con el objeto de integrarlo a una amplia gama de acciones de orden psicológico y persuasivo. Lo denominado “deportivo” fue abordado como una herramienta de propaganda, sugestión y control de la hegemonía debido a su relación social y, sobre todo, con las prácticas populares y los desarrollos masivos. Así, la dictadura estableció un propio lenguaje desde el deporte y este último, en virtud de los logros en cada materia, fue transitado para resaltar los relatos que el régimen militar buscaba amparar y amplificar.

Los medios de comunicación, desde ya, aportaron a la construcción del ethos discursivo y deportivo desde sus lugares de enunciación. Las vertientes gráficas, radiales y/o televisivas diseminaron perspectivas generales que, de diferentes maneras, destacaban situaciones de “victoria”, “triunfo”, “conquista”, “ovación” y contrastaban u ocultaban los vejámenes del terrorismo de Estado y su consiguiente plan macabro de exterminio.

Las representaciones de las figuras deportivas que construía la prensa se destacaban en función de la legitimación de un “éxito” o una “superación” y en pos del “progreso” de un país que estaba “normalizándose” luego de la instauración del Golpe de Estado. A partir de ello, los suplementos/ secciones deportivo/as de La Nación, Clarín y La Prensa, los envíos radiales de Radio Rivadavia, los relatos rebuscadamente épicos de José María Muñoz o las portadas-artículos-entrevistas de la revista El Gráfico y hasta Gente retomaban los campos semánticos afines a la tematización del “orden” y el logro característico para recalcar los éxitos de la Argentina en el marco deportivo.

La presencia reiterada de los máximos símbolos del deporte, utilizados por la dictadura y por la prensa, subrayaba el anclaje discursivo dentro del plan de representación de la “buena voluntad” del llamado “Proceso de Reorganización Nacional”. Las exposición de Guillermo Vilas en tenis, Víctor Galíndez y Carlos Monzón en Boxeo, Carlos Reutemann en Automovilismo y la Selección Nacional de Fútbol luego del Mundial 78, entre otros, sirvieron para que la dictadura implementara su dominio discursivo y psicológico en un contexto de terrorismo de Estado.

El caso del Mundial de Fútbol de 1978 resulta emblemático porque funciona como un ejemplo esclarecedor en relación con la utilización del deporte desde una instancia de propaganda. A partir de este evento, la dictadura se mostró ante el mundo y los medios internacionales como un país “justo”, con heridas cerradas y con un andar “derecho y humano”, jugando así, de un modo siniestro, con los reclamos de la agrupaciones de paz y las imploraciones de las siempre valientes Madres de Plaza de Mayo. A estas instancias, y en contraste con las narrativas de la victoria, el deporte argentino también sufría el silencio de los medios de comunicación de la época en torno a la desaparición de deportistas: el atleta militante Miguel Sánchez, el futbolista Carlos Alberto Rivada, Sánchez (de Huracán de Tres Arroyos), el tenista Daniel Schapira y los jugadores de La Plata Rugby Club.

Como se advierte, el discurso de la información manifestado por gran parte del periodismo durante la dictadura, propuso una falsa y exigida valorización del esfuerzo, la disciplina y el vigor en diálogo directo con el trabajo discursivo del régimen. La recuperación de esas operaciones permite que pensemos las prácticas periodísticas desde nuestra democracia, configurando un mapa de complicidades y participaciones que ubica a los medios en una zona de propaganda y colaboración con la acción perpetrada por la dictadura.

*Licenciado en Comunicación Social. Docente de Lingüística y Métodos de Análisis Lingüísticos. Proyecto de Investigación y Extensión Medios y Dictadura.