Por Alí Mustafá*

Es difícil explicar por qué a casi 40 años del golpe cívico militar la comunidad argentino-árabe organizada en sus instituciones no ha hecho presentaciones judiciales formales acerca de cuántos de sus militantes y dirigentes del campo nacional y popular fueron secuestrados, torturados, fusilados y desaparecidos, ni tampoco ha hecho reclamos y presentaciones formales a la CONADEP, como a las comisiones por la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Colectividades, como la judía y la japonesa por ejemplo, lo han hecho aunque en distintos tiempos. La comunidad judía, que tuvo gran protagonismo en los 80 en su lucha por los DD.HH, denunció que no menos de 1.960 nombres de desaparecidos son de origen judío. El documental argentino-israelí “Sin punto y aparte” del periodista Shlomo Slutsky lo explica. El otro caso, muy diferente, es el de la colectividad japonesa que estuvo callada durante muchos años sin reclamar por los 16 Nikkeis (primera generación de inmigrantes que nacen fuera de Japón) desaparecidos durante la dictadura. El motivo, tal vez, es que entre los inmigrantes japoneses está instalada la idea de no generar problemas al país que los recibe. Recién en 2011 se llevó a cabo una muestra sobre detenidos desaparecidos Nikkeis llamada No desaparece quien deja huella.

El caso de la comunidad árabe y sus descendientes es curioso, porque quizás haya sido la que aportó a las causas populares, especialmente al peronismo, al radicalismo y al sindicalismo combativo, ejércitos de militantes y dirigentes en todas las líneas tanto partidarias como de gobierno, sobre todo en los provinciales.

Es notable observar en una circular de INTERPOL (1.7.1976), enviada a la Dirección Nacional de Información e Inteligencia de Uruguay y publicada en la web de la Secretaría de Derechos Humanos para el pasado reciente del vecino país, la nómina y datos de integrantes del Partido Peronista Montonero capturados y detenidos. En el listado se encuentran varios nombres de marcado origen árabe como Abraham, Elganame, Haidar y Jalit Jalid. También, las fuerzas revolucionarias como FAP y Montoneros y como el Partido Comunista tenían entre sus filas, y sentados en las mesas de conducción, descendientes de árabes.

Voy a destacar algunos ejemplos. Envar El Kadri en 1965 fundó y participó de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) con el objetivo de armar una guerrilla rural en el monte tucumano que enfrente militarmente al gobierno usurpador de Onganía. Cacho, como le decían sus allegados, que desde 1998 sus restos descansan en el cementerio Islámico de San Justo, fue detenido y torturado duramente en dos oportunidades. Fue liberado en 1973 con la amnistía del presidente Cámpora. Consiguió trabajo bajo la gestión de Puiggrós en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires. El 1 de enero de 1975, amenazado y perseguido por la Triple A, y después de la muerte de su amigo Julio Troxler, comenzó un largo y duro exilio que finalizó en el año 1984, cuando regresó al país.

Otro caso, actualmente más presente, es el del pianista tucumano Miguel Angel Estrella, actual embajador argentino ante la UNESCO. Estrella (Neyem en árabe) se dedicaba a interpretar música frente a los indígenas y obreros, en los rincones más postergados e inaccesibles de la Argentina. Por su fuerte compromiso con la doctrina social de la Iglesia, fue perseguido y debió huir a Uruguay. Allí fue secuestrado, detenido clandestinamente y sometido a todo tipo de torturas. Pudo salvar su vida por la presión de organizaciones internacionales cuando se conoció el destino que le había otorgado la Operación Cóndor. Otros, entre tantos más, han sido los periodistas Claudio Cesar Adur, detenido-desaparecido el 11 de diciembre de 1976 y Ricardo Emir Aiub, detenido-desaparecido el 9 de junio de 1977. Quizás, todos ellos, parafraseando al poeta palestino Mahmud Darwish en su poema “Yo soy de allí”, han aprendido todo el lenguaje y lo han deshecho para componer una única palabra: Patria.

Hoy, después de cuatro décadas, nos preguntamos por qué los dirigentes de las instituciones de la comunidad no han caminado los tribunales reclamando por sus hijos caídos y desaparecidos en la lucha por la Justicia Social. Por qué los profesionales e intelectuales no han escrito sus homenajes. Por qué desde las tribunas no se oyó el eco de la voz de los que ya no están, hijos de la resistencia de Palestina y Argelia. Tal vez sea por desidia o cobardía, por vergüenza o por la complicidad con los poderosos de entonces. No lo sé, pero estas preguntas son un buen comienzo para buscar la verdad y rescatarlos del olvido.

*Periodista