Por Flora Ferrari*

El sábado 7 de marzo salimos en un micro hacia Capitán Sarmiento lxs profesores de La Colmena del Sur, para encontrarnos y pasar un día de camping con lxs chicxs y algunos padres de dos de los grupos que forman parte de La Colmena y que luego realizarían una función en la apertura de una feria regional del pueblo.

La Colmena del Sur es un programa del Ministerio de Cultura de la Nación, que se inició en Argentina en el año 2013, a partir del intercambio con la compañía de teatro infantil cubana, La Colmenita, de la cual formó parte su coordinador, Luciano Burgos. En el año 2013, desde la entonces Secretaría de Cultura, se llevaron a cabo presentaciones en conjunto entre el grupo cubano, el grupo de teatro de Catalinas y grupos con los que Burgos ya venía trabajando en algunos barrios.

Desde que se decretó su carácter de Ministerio, en mayo va a ser un año, y asumió Teresa Parodi como Ministra, el Ministerio de Cultura se ha dividido en distintas Secretarías: la Secretaría de Gestión Cultural, la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, Secretaría de Coordinación y Control de Gestión, y la Secretaría de Políticas Socioculturales. Esta última, a cargo de Franco Vitali, ha profundizado el compromiso de potenciar el acceso a la cultura, desarrollando y sumando programas. Es por eso que desde el año pasado, La Colmena del Sur, que depende, dentro de esta Secretaría, de la Subsecretaría de Promoción de Derechos Culturales y Participación Cultural que coordina Emiliano Gareca, creció: se abrieron sedes, se sumaron profesores y se amplió el repertorio. El Programa se propone un trabajo territorial-artístico donde se conforman elencos de teatro musical con chicos de entre 6 y 13 años de barrios con carencias socieconómicas.

Durante todo el mes de febrero se trabajó en la Casa Central de la Cultura Popular en Barracas, con el armado de la nueva obra que se planea estrenar en julio y que ya se comenzó a ensayar en la primera semana de marzo con los nuevos grupos. Fue la canción de presentación de la obra, compuesta por Juliana Corazzina, una docente del programa, lo primero que todos lxs chicxs aprendieron con facilidad, y fue su estribillo el que, al igual que los referentes de los lugares y los padres que acompañan las clases, siguieron tarareando una vez finalizada la clase: “…desde el sur nos trae el viento, en pequeños montoncitos, nos juntamos de a poquito y cada vez, somos más…” Y sí, cada vez son más. Es que La Colmena del Sur tiene grupos de entre 20 y 30 chicos en cada sede, y actualmente funciona en la Casa Central de la Cultura Popular y en el Barrio San Blas (Barracas), en el barrio Ejército de los Andes (Ciudadela), en William Morris (Hurlingham), en Lanús Este, en Ciudad Oculta y estas semanas arrancan grupos en la 1-11-14 y en el Barrio Fátima de Villa Soldatti. Además, se está gestionando la apertura de nuevas sedes en algunas provincias, donde se trabajará en conjunto con profesores del programa que colaboren en el armado inicial del proyecto para que luego puedan desarrollarlo y continuarlo los docentes locales.

Las sedes donde se dan las clases-ensayos son polideportivos, patios de escuelas, aulas en organizaciones barriales y se trabaja junto con referentes sociales de cada lugar y, fundamentalmente, en el intercambio con los padres (es cierto que son madres en su mayoría), que colaboran en todo lo que es vestuario, maquillaje y en las clases mismas.

En los primeros encuentros con los docentes que nos sumamos al Programa, Burgos hablaba del complejo equilibrio entre potenciar la inclusión social, a la par con la búsqueda de excelencia artística. En barrios donde es probable que la mayoría de los chicos nunca hayan asistido a una obra de teatro, o a un teatro convencional, y donde las referencias actorales se corresponden más con los códigos televisivos, surgía la dificultad de cómo “transmitirles” el teatro. Y desde la coordinación siempre se subrayó, que, al igual que en todas las políticas culturales que desarrollan la Secretaría y el Ministerio, no se trata de “llevar” la cultura a los lugares, si no que se trata de desarrollarla con ellxs. El teatro, como toda manifestación artística, tiene un enorme potencial en el desarrollo de los seres humanos como sujetos actores de su realidad, permite investigar, en un espacio lúdico y seguro, los propios límites y fortalezas descubriendo nuevas formas creativas de expresar y transmitir. Efímero e irrepetible, es su aquí y ahora lo que lo hace vivo. Y, justamente, desde La Colmena del Sur no se piensa el teatro como un saber cerrado y transmisible, si no como una exploración siempre nueva, propiciando que lxs chicxs, quienes al cabo de unos meses de ensayo se encuentran actuando arriba de un escenario, tengan acceso a ser ellxs protagonistas, y potenciando la inagotable capacidad de jugar y de imaginar, que es lo que enriquece el proyecto y lo que importa, a fin de cuentas, en cualquier hecho teatral.

Ese sábado, durante el viaje a Capitán Sarmiento, entre mates con mis compañerxs, conversábamos acerca del “teatro” en general, de nuestros quehaceres teatrales, lo que estaba ensayando cada unx, qué obras habíamos visto últimamente, y, no sé cómo, terminamos hablando sobre libros y teoría teatral y Peter Brook y Ariane Mnouchkine, y Eugenio Barba y Augusto Boal…

Algo de esa charla me quedó zumbando como un ruidito en la oreja durante todo el día. Me preguntaba cómo juntar la teoría del teatro contemporáneo con el teatro infantil para chicos que viven en situaciones complejas, y cómo esa teoría podía funcionar en espacios que no están pensados como “teatrales”.

Pasamos un día de pileta al más puro sol y, pese a que todos los profes pensábamos que los chicos iban a estar agotados, dispersos o sin ganas de hacer la función, al verlos en escena y al ver la reacción del público mirando entusiasmado, me di cuenta que el teatro, ahí, simplemente, sucedió. Y entonces, mientras volvíamos en el micro, de noche ya, pensé que teoría y práctica pueden coexistir incluso en los lugares donde uno creería disímiles, retroalimentándose. Es que gracias a este tipo de proyectos lxs chicxs pueden a través del teatro descubrir otras posibilidades de ellxs mismxs, pueden jugar a ser otrxs y pueden imaginar otrxs futuros. Y sí, la teoría se ancla en la práctica, toma cuerpo en ellxs, porque, en palabras de Boal: “En el sentido más arcaico del término, teatro es la capacidad de los seres humanos de observarse a sí mismos en acción. Los humanos son capaces de verse en el acto de ver. Pueden verse aquí e imaginarse más allá, pueden verse como son ahora e imaginarse cómo serán mañana”.

* Actriz, Lic. en Artes de la UBA. Docente de teatro del Programa La Colmena del Sur.