El fundador del EAAF, Clyde Snow, junto al equipo de jóvenes antropólogos.
El fundador del EAAF, Clyde Snow, junto al equipo de jóvenes antropólogos.

Por Lisa Solomin

En el escenario un hombre canoso con anteojos gruesos está sentado en un escritorio apenas iluminado. A un costado de la mesa hay un grabador, una petaca plateada y una jarra de agua. En el centro descansan un cráneo, un maxilar y otros huesos que se adivinan humanos. El hombre toma con delicadeza un fémur, lo acerca y lo mira detenidamente. Detrás se proyectan diapositivas, la mayoría en blanco y negro: una fosa parcelada, instrumental de excavación y restos óseos cubiertos con tierra oscura.

-Les dije: si van a llorar, que sea a la noche-, comienza a relatar el hombre al público. Habla pausado y pronuncia con dificultad. –Di una pitada a mi puro, hice un silencio conveniente; entrecerré los ojos por el humo. Los miré, uno por uno, sin esperanzas; no me pareció que pudieran acompañarme en la tarea. Tenían la misma edad de la mayoría de los que iban a desenterrar, usaban la misma ropa: zapatillas, un jean. Me despedí, prometieron darme una respuesta. Me metí en la cama, congelado: en junio de 1984 hacía un frío terrible en Buenos Aires. Me tapé con dos frazadas, y dormí como un muerto.

El que habla es el antropólogo forense Clyde Snow, conocido en su Estados Unidos natal como “el Sherlock Holmes de los huesos” y con esa escena comienza la obra de teatro escrita por la dramaturga platense Roxana Aramburú que rememora los inicios del Equipo de Antropología Forense (EAAF). En 1984 el científico vino a la Argentina convocado por la CONADEP y las Abuelas de Plaza de Mayo, y fundó el equipo al que alguien apodó “el cardumen”, porque por protección se movían siempre juntos.

La obra que toma por título la frase que un odontólogo forense decía siempre y que Snow y los miembros del EAAF, repetían como un mantra cuando alguno empezaba a flaquear: “Si vas a llorar, que sea de noche”, fue una de las seleccionadas en el concurso del Ministerio de Cultura de la Nación “Nuestro Teatro”, un concurso que se realizó en homenaje a Teatro Abierto: el movimiento teatral que nació en 1981 como una resistencia ética y política contra la censura y el terror de la dictadura cívico militar.

Hace unos once años, Snow vino a la argentina y dio una conferencia donde contaba lo mucho que le costó armar el equipo de trabajo para intentar identificar los miles de esqueletos de desaparecidos que estaban enterrados como NN en fosas comunes. El miedo todavía no terminaba de irse en un país que apenas salía de la peor dictadura de su historia. El recorte de diario con esa entrevista quedó guardado en el cajón del escritorio de Roxana Aramburú y el tema dando vueltas en su cabeza.

Roxana es platense y, por orden de aparición en su vida es bióloga, actriz y dramaturga. En “Si vas a llorar...” imaginó ese momento: la llegada del científico al país, sus propuestas innovadoras y las reticencias del mundo académico a acompañarlas. El texto recrea el encuentro de Snow con quien primero fue su traductor, que luego se convirtió en discípulo y le ayudó a convocar a la gente que finalmente conformó el grupo: Morris Tydball-Binz, un joven descendiente de británicos que estudiaba medicina en la Universidad Nacional de La Plata.

La convocatoria del concurso invitaba a escribir textos que destaquen valores democráticos y fue la oportunidad para visibilizar desde el lenguaje del teatro, esta tarea tan importante para las familias de las víctimas de la dictadura y para la reconstrucción de nuestra memoria colectiva. “Siempre me impresionó cómo trabajan los antropólogos forenses”, dice la autora. Y explica: “son casi como detectives: cruzan datos, hablan con uno, con otro y antes que exista la técnica del ADN, esa tarea detectivesca era más compleja. Durante mucho tiempo hicieron un trabajo a recontra pulmón y a veces con muy pocos resultados. Por ahí estaban muchísimo tiempo laburando con restos y quizás podían llegar a identificar a una o dos personas. Me conmueve eso, el laburo y que viven para eso”.

La obra de teatro revaloriza y pone en debate lo complejo de los procesos de verdad y justicia. Durante muchos años el EAAF trabajó sin ningún apoyo del Estado ni de la Universidad y justamente esa voluntad y entrega en medio de tantas dificultades son las que Roxana Aramburú quiso mostrar. Dice que lo que más admira de ellos es “la constancia y la voluntad de llevar a cabo un trabajo tan delicado y minucioso, no sólo en las cuestiones técnicas si no en el contacto permanente, cuidadoso y cercano con los familiares de las víctimas”. Y aclara: “no es como cualquier forense. Son ellos los que van a decirle a los familiares: es tu hijo, o es tu padre, le pasó esto, murió de tal manera. Es muy fuerte, pero necesario”.

Leer los huesos

El EAAF fue pionero en esa tarea de leer huesos sin nombre y comenzar lentamente a devolverle la identidad para recuperar la memoria que quisieron hacer desaparecer. El año pasado, en el que conmemoraron 30 años de trabajo del Equipo, también falleció su fundador. Y también casualmente, fue el año en que el nieto de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo recuperó su identidad.

Snow fue quien en 1985 junto con el equipo recientemente conformado viajó a exhumar el cuerpo de Laura, la hija de Estela de Carlotto. En ese caso no había dudas sobre la identidad, había que comprobar si había dado a luz o no. “En los huesos de toda persona está escrita la historia de su vida y de su muerte”, dice el personaje de Snow en otra escena de la obra. Ese día en el cementerio de La Plata, Snow y su equipo pudieron leer las huellas en los huesos de la pelvis de Laura. Esas marcas que quedan para siempre cuando el bebé se apoya antes de salir del cuerpo de su madre y así Estela confirmó que tenía un nieto para encontrar.

Por esos caprichos de la historia, la última función de “Si vas a llorar….” se realizó el día que apareció ese nieto: Ignacio Guido Montoya Carlotto. El 5 de agosto de 2014. La dramaturga cuenta que “eso fue lo más movilizante”.

“Llegábamos y nos abrazábamos con cada uno que iba llegando al teatro”, cuenta y recuerda que “cuando terminó la función, Boy Olmi, continuando su interpretación de Clyde Snow le contó al público que había sido él quien le confirmó a Estela que era abuela”

En el libro “Laura, vida y militancia de Laura Carlotto”, de María Eugenia Ludueña, Estela de Carlotto recuerda: “Las Abuelas fuimos a buscar lo nuestro sin pensar en la exhumación de cadáveres. Pero nuestras actividades se cruzaron: ellos buscan huesos de los muertos, nosotros buscamos vivos. A ambos nos impulsa la búsqueda de la verdad”.

Escribir la historia

Roxana Aramburú escribió su primera obra de teatro hace diez años. La mandó a un concurso y ganó, así que lo tomó como una señal y ya no paró. “Al principio escribía desesperadamente, se ve que tenía mucho acumulado. Después me calmé”, cuenta. Entre sus obras hay muchos textos que abordan temas históricos y varias comedias que poseen un humor complejo: esas situaciones en las que subyace un patetismo que despierta risas nerviosas y catárticas. “Me gusta ese humor en el que uno se pregunta: ¿de qué me río?”, explica.

“Los temas históricos me salen”, comenta Roxana. “Me gusta mucho que un conflicto común, que en realidad son siempre los mismos, estén atravesados con lo que pasa afuera y que lo de adentro no pueda dejar de verse modificado por eso, lo complejiza”. Y explica que indagar en esos temas también implica otros desafíos: adaptar el lenguaje y toda la situación a diferentes épocas.

Para “Si vas a llorar…”, la autora investigó la historia del EAAF y de Clyde Snow, a quien hizo hablar en castellano a pesar que el verdadero nunca lo hizo. “Todavía me siento culpable”, dice sonriendo. “En inglés era imposible llevarlo a escena. Boy Olmi hizo un trabajo impecable de hablar un castellano como una mala traducción, como pensando en inglés”. Roxana destaca que la obra tiene muchísimo que agradecerle a todos los testimonios de los antropólogos forenses. “Para mí era mucho compromiso escribir sobre personas que estaban vivas, porque Snow aún lo estaba cuando la escribí. Me nutrí mucho de lo que ellos contaron a lo largo de su vida, tomé material directamente de sus bocas. La gran obra la escribieron ellos”.

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Llorar en el Picadero

La autora (segunda desde la derecha) junto al elenco de la obra

 

“Si vas a llorar que sea de noche” se presentó durante 2014 en el Teatro Picadero en el ciclo Nuestro Teatro organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación conmemorando los 30 años del nacimiento de Teatro Abierto. Fue dirigida por Guillermo Hermida, con asistencia de Valeria Grossi y un elenco conformado por Boy Olmi (Clyde Snow), Javier Rodríguez Cano (Académico), Martín Piroyansky (Morris) y Maida Andrenacci (Técnica).

Aramburú también es autora de obras como “La (primera) cena”. “Que los cumplas feliz”,” Caldarium”,” Alle Donne”, “ El ajuar”, “Regina Celis”, “ La espada y la cabeza” y “ Damiana, una niña aché” en coautoría con Patricia Suárez . Además, Organiza en cogestión con el Grupo El Faldón de La Plata los ciclos de teatro leído, acompañados de muestras gráficas, fotográficas, libros, cine y charlas de especialistas.

Conjuntamente con el dramaturgo y director Nelson Mallach lleva a cabo el proyecto Arquitectura y Teatro, cuya primera manifestación fue la escritura y puesta en escena de El Espacio Indecible, realizada en Casa Curutchet, obra del arquitecto suizo Le Corbusier sita en la ciudad de La Plata (2013) y el año pasado fue convocada para formar parte del ciclo Autoras Argentinas con su obra “El ajuar” en el Teatro Nacional Cervantes.

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