Por  Adriana Fravega*

Hace unos días el diario La Nación, con el título “Las deudas sociales con las personas mayores”, difundió resultados de un estudio realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA auspiciado por la Fundación Navarro Viola.

El lanzamiento de la primer parte del informe Barómetro de la Deuda Social con las personas mayores, se hará el próximo 18 de marzo, en la sede de la fundación.

El artículo se publicó con un contexto previo: las arremetidas que los medios de comunicación monopólicos cómplices de las dictaduras (Clarín y La Nación), generaron para desprestigiar los indicadores producidos por INDEC, usando estudios de la UCA para desacreditar los avances que en política socio-económica viene y continúa logrando el proyecto nacional Kirchnerista. Con ese mecanismo y sus dispositivos, promueven en la opinión pública la idea de un “INDEC mentiroso”, una maniobra que consistió en difundir un índice de pobreza del 26,9%, frente al 5,4% contabilizado por el INDEC en el año 2013.

Ahora, vuelven a la carga con el objetivo de profundizar el mal humor y el sentimiento de desprotección social, a partir de poner en escena un discurso trasvestido en informe científico-técnico con apariencia de argumento verosímil.

EL PROYECTO NACIONAL KIRCHNERISTA HA DISMINUIDO LA POBREZA DEL SECTOR DEL 27,2% A 2,3% Y LA INDIGENCIA AL 0,8%

El artículo se atiene a subrayar, sin contextualización de ningún tipo, las supuestas deudas con la población de más edad, empañando y minimizando todo lo realizado en materia de políticas gerontológicas inclusivas, especialmente potenciadas desde la estatización de las AFJP (2008). En contraposición, La Nación elige enumerar los “déficit” existentes con las personas de más de 65 años, focalizando falencias en el hábitat, la vivienda y en el “derecho a la ciudad” mostrándolas como en “deuda social”.

La adopción de este enfoque busca construir una mirada sobre los viejos y sus condiciones de vida fundados en la carencia. Es decir, desde una epistemología del viejo y la vejez anclada en aquello que no se tiene (sanidad, dinero, dignidad, fuerza, reconocimiento, etc.), como sujetos desprovistos, que no tiene y por ende no puede, y hasta no poder llegar a ser.

Es decir, que además del intento por desprestigiar las políticas implementadas en los últimos años, persigue la instauración de la imagen de las personas mayores ancladas en un des-empoderamiento.

Al enunciar la “deuda social”, también se ocultan y minimizan los avances de los programas y políticas interministeriales articulados con organismos como ANSES y el PAMI (Para una Argentina con Mayores Integrados) pensados en función de los sujetos viejos como sujetos de derechos.

Ante esa postura, es necesario ejercitarse y desmontar los mecanismos mediáticos que distorsionan la información, y reconocer los cambios que, en la vida de muchísimos adultos mayores, se dieron gracias a las transformaciones operadas.

En principio, es preciso señalar que se exponen datos generales sin brindar al lector una mínima indicación de cómo, en qué condiciones y con qué alcance se obtuvo la información para llegar a las conclusiones respecto a la existencia de esa “la deuda social”.

Todas estas ausencias son parte de la estrategia de la construcción de un relato mediático que busca dejar en primer plano las condiciones de vida negativa de los adultos mayores, utilizando la categoría del entorno saludable, y no por lo vivido y vivible en condiciones subjetivas e intersubjetivas por los sujetos.
No le alcanza al diario con construir la idea de que la mitad de la población longeva no tiene acceso a los mínimos servicios de infraestructura, sino que además, esta carencia se acentúa en “las personas mayores que residen en villas y asentamientos precarios (75,4%) y en el estrato socioeconómico más bajo (30,1%).”

LA NACIÓN NO DICE QUE LA EDAD NO ES UNA CONDICIÓN DE LA POBREZA, NO SE ES POBRE POR SER VIEJO.

Lo que no dice La Nación es que la edad no es una condición de la pobreza, no se es pobre por ser viejo. Se es pobre sin distinción de edad y por el sólo hecho de haber nacido y crecido en un lugar donde las necesidades materiales de existencia están por debajo de las requeridas para un mínimo desempeño vital.

Y por si fuera poco ser pobre, viejo y villero, se suma la educación como variable por la cual los mayores no pudieron acceder a una vivienda digna.

Mostrar sólo esta cara de la vejez nos dirige a Argentina a fines del siglo veinte cuando era asociada a la condición de fragilidad, y los viejos eran considerados como “clientela social” y, por lo tanto, objeto de asistencia y ayuda. Estas concepciones correspondían al antiguo paradigma de la vejez, denominado: “viejísimo”.

Hoy Argentina es la referente latinoamericana para la elaboración de una Convención de Derechos para Personas Mayores. Y el proyecto nacional Kirchnerista ha disminuido la pobreza del sector del 27,2% a2,3% y la indigencia en las personas mayores al 0,8% (Fuente EPH-INDEC).

Como dijo la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner: “Mídanlo con el índice que quieran”.

Haber invertido y subvertido la fórmula que asocia necesidad social al gasto de presupuesto público, suplantándola por la idea de que “la inversión anual en el sistema previsional no es un gasto”, contrarresta en la opinión publicada el efecto de sentido perseguido estigmatizador del proyecto y de sus principales sujetos de derecho: los pobres, los viejos y los villeros.

* Docente e investigadora de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social