Por  Hernán Edelman

“Nunca vi algo así en mi vida”, dice el encargado de perforaciones de YPF en Loma Campana, el yacimiento que la empresa explota junto a Chevron a 100 kilómetros de la capital neuquina. El hombre, que lleva más de 30 años en el negocio, se seca la transpiración y ensaya un giro de 360 grados. A su alrededor, unos 15 equipos de torre navegan a 3.000 metros bajo tierra. Cada pozo cuesta entre 7 y 15 millones de dólares y por cada uno de ellos pasarán unos 400 trabajadores y se utilizarán hasta 15 millones de litros de agua y 1.000 toneladas de arena. Semejante despliegue en la arcillosa meseta neuquina es apenas el comienzo de la aventura en Vaca Muerta, el reservorio de petróleo y gas que podría cambiar la historia energética del país y que empieza de a poco a mostrar sus números.

El presidente de YPF, Miguel Galuccio, suele decir que la formación no convencional “no es una joyería, sino un Coto”. Con esto busca graficar que el negocio puede funcionar y traer sus beneficios, pero habrá que invertir mucho y aún así no será una mina de oro. El derrumbe en el precio del crudo suma una nueva dificultad y obliga a la compañía a tener que bajar sus costos para seguir siendo competitiva.

Vaca Muerta es una piedra con forma de triangulo que yace a lo largo de la superficie de Neuquén, por debajo de los 2.500 metros en las profundidades de la tierra. Aloja en pequeños poros aislados ingentes cantidades de petróleo y gas. Para sacarlos, hay que romper esa dura roca a través de la técnica del fracking, que implica inyectar agua, arena y algunos químicos a altísima presión -170 veces mayor a la de un neumático-. Ese procedimiento, que se utiliza desde hace muchos años pero que recién ahora se hace de forma masiva, encarece todo el proceso y suma una importante complejidad para el diseño del pozo.

Desde la vuelta al mando del Estado de la principal empresa petrolera del país, arrancó el proceso de “seducción” de esa presa esquiva que es Vaca Muerta. Y a paso lento, pero de forma constante, ya muestra sus primeros resultados. La formación no convencional –o shale, como se la denomina en inglés- ya produce el 12% del petróleo y el 3% del gas que sale de Neuquén. Tomando precios promedios en ambos casos, produjo en 2014 unos 720 millones de dólares. La cifra apenas alcanza a cubrir el 6% de los 12 mil millones de dólares que el país destina por año a la compra de energía en el extranjero para cubrir su déficit. El autoabastecimiento es aún una empresa lejana, pero en movimiento.

Impacto económico y social

No solo los hidrocarburos que brotan de Vaca Muerta comienzan a mostrar su impacto. El derrame en la economía se hace sentir con sus pros y sus contras. Este año se volcarán a pozos no convencionales unos 4.500 millones de dólares, según cifras del gobierno neuquino. Más del 80% corresponden a YPF, el principal actor en la cuenca.

Para el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG) –organismo que nuclea a todas las empresas del sector- los más de 300 pozos perforados en la formación shale generaron unos 7.500 puestos de empleo nuevos. Los trabajos indirectos multiplican por cuatro esa cifra.

Por mes, al menos una decena de nuevas empresas se crea en Neuquén. En otros distritos también se ve el impacto. Algunas metalúrgicas de Buenos Aires buscan mercado en el sector petrolero. En Mar del Plata, un viejo astillero empezó a fabricar trailers para los trabajadores del sector. La industria metalmecánica de Córdoba ya puso el ojo en el petróleo. En los parques industriales del país siguen con atención lo pasa en el sur del país.

Pero los millones derramados en el campo vienen con bendiciones y maldiciones. “En algunas zonas de Neuquén hay una enorme distorsión en el mercado inmobiliario. Los precios de la tierra se fueron por las nubes, complicando el acceso”, asegura la economista de la Universidad del Comahue, Adriana Giuliani. En Añelo, la zona caliente de la actividad petrolera, el precio del metro cuadrado cuesta lo mismo que en Puerto Madero. Para la especialista, Neuquén es una plaza cada vez más cara y eso genera un desequilibrio con los trabajadores no petroleros. A su vez, advirtió sobre cómo se acentúa la desigualdad, algo que seguirá ocurriendo “si no se fomentan políticas activas”.

“Son procesos naturales que hay que encauzar. Hay ejemplos exitosos en el mundo como el de Noruega, que supo manejar la renta petrolera de tal forma que se acentuó el impacto social”, concluyó Giuliani.

Efectos geopolíticos

Los vientos de Vaca Muerta no sólo soplan dentro del país. Los ojos del mundo están puestos en esta formación, que se ubica entre las cinco con más recursos de gas en el mundo, según la Agencia de Energía de Estados Unidos. La decisión política de YPF de ponerla en valor puede arrojar más resultados a futuro que en el presente: su temprano desarrollo será una ventaja comparativa enorme frente a otros potenciales competidores como México, China o Australia.

Por estas horas, Loma Campana es el único polo no convencional del mundo fuera de Estados Unidos, la meca del shale. Y es la esperanza del país de lograr su seguridad energética, un concepto clave desde el punto de vista geopolítico.

“Todos los lugares de conflicto del mundo están ligados al petróleo”, explica Víctor Bronstein, director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad. “El departamento de Energía de Estados Unidos asegura que en 2040 los combustibles fósiles seguirán representando el 79% de la matriz energética total. Por eso es tan importante garantizarse el suministro de petróleo y gas”, argumenta.

El impacto del shale en el país del norte impresiona. Casi logró autoabastecerse de gas y esto le dio un nuevo impulso a la industria local. Su renovado estatus energético le restó peso político a los estados que integran la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), ó la propia Rusia, ya que muchos países de Europa –su principal cliente– analizan hacer compras del fluido a través de barcos cuando el país que conduce Barack Obama pueda vender sus excedentes.

“Que en ese escenario YPF entre primera en el mundo no convencional es importante. Tenemos ventajas: está el recurso, está la infraestructura industrial y el agua necesaria”, detalla Bronstein. Ese temprano abordaje del territorio es clave para acelerar lo que los barones de la industria denominan “curva de aprendizaje”. No es otra cosa que conocer los intersticios de la roca dura y aprender cuáles son las mejores técnicas para extraer de allí los hidrocarburos. La geología es central, pero también lo es la economía. Una vez testeada la naturaleza en el subsuelo, la flamante industria necesita achicar los costos. Y la firma de bandera también hizo punta aquí, al incorporar tecnología de último nivel. Los pozos que hace un año costaban 11 millones de dólares, hoy están por debajo de los ocho. Pero para ser competitivos tienen que llegar a los 5.

La decisión política de desarrollar Vaca Muerta y ponerla en valor es clave para el futuro del país. También lo será el diseño de políticas acordes para promover la distribución de la renta que genere y que la mayor parte del agregado de valor quede a nivel local. Sólo así Argentina podrá tener “la vaca atada” en la próxima década.